El Atlético, campeón a su manera

Xurxo Fernández Fernández
Xurxo Fernández REDACCIÓN/LA VOZ.

A CORUÑA

Sufriendo (de qué manera). En el 116. Al final de una prórroga angustiosa. Tras un partido tan disputado como falto de juego en el que la fenomenal pegada quedó reducida por la histeria de la zaga. 36 años después de aquella Intercontinental de Ayala e Irureta, el Atlético volvió a sentirse campeón fuera de España. Lo hizo en Hamburgo y lo logró a su manera. Tocado por el genio de Forlán, que ya tumbó al Liverpool en la prórroga y repitió hazaña en tiempo extra para llevar a Madrid el título de la Liga Europa. En el camino, un Fulham que solo opuso un coraje que por momentos pareció suficiente.

El tanto definitivo del uruguayo envió toda una tropa de fantasmas al destierro. Y los fantasmas no volvieron como en aquella noche terrible de Heysel, cuando al tanto de Luis Aragonés en el minuto 114 respondió otro de Schwarzenbeck a segundos del final. La afición colchonera no tendrá que memorizar esta vez complicados nombres germanos para recordar cómo voló una Champions. Podrá recitar en cambio los de aquellos que convirtieron a su club en primer campeón de la nueva Liga Europa. Un título que hubo que sudar pese a la innegable diferencia entre contendientes.

Y es que durante muchos minutos (casi todos) el entretenimiento bien pudo haber consistido en un juego de agudeza visual. Descubrir entre las ocho piernas que suman Raúl García, Assunçao, Etuhu y Murphy cuál es la buena. No hubo señales de vida en el centro del campo. Los dos equipos se empeñaron en la transición rápida. El Fulham, en busca de la cabeza de Zamora, y el Atlético, siguiendo las carreras de Agüero y Forlán. Pero ni Hangeland ni Perea tienen un guante en sus botas así que la mayoría de los balones acabaron perdiéndose por cualquier banda o la línea de fondo.

Los ingleses solo rebajaban la presión cuando la pelota pasaba por los pies del colombiano, convertido en cerebro involuntario. A falta de quien suministrara un balón en condiciones, los delanteros atléticos tuvieron que apañárselas con los muchos que perdía el rival en su precipitada salida. Así llegó la primera ocasión clara, con un mal pase recuperado por Agüero y servido para que Forlán lo estrellara en el palo.

La clase del Kun

La desesperación del Kun le llevó a forzar las jugadas individuales, lo que por fin permitió ver fútbol en Hamburgo. Sin embargo, la espectacular serie de regates del argentino no encontró rematador en el área pequeña en su primer ataque de egoísmo. El segundo resultó providencial. Reyes apareció por fin y sirvió un balón a Agüero, que en lugar de continuar la jugada optó por chutar a la media vuelta. El disparo tomaba rumbo a la grada, pero ahí apareció Forlán (quizá en fuera de juego) para cambiar la trayectoria y adelantar a los suyos. La formidable delantera atlética colocaba en ventaja a los colchoneros, pero su histérica zaga no tardó en equilibrar el choque.

Perea tropezó y permitió el control y el recorte de Zamora, que luego se hizo un lío. Nadie atinó a chutar, pero la defensa rojiblanca tampoco supo sacar la pelota, que fue de un lado al otro del área hasta que Davies acertó con la volea.

Los goles fueron un espejismo. Hasta el tramo final del primer tiempo, si hubieran ofrecido el trofeo al equipo capaz de dar tres pases seguidos en campo contrario, el título habría quedado desierto. El Atlético solo logró hilar juego después del empate a uno, y todo porque el Fulham, ya a calzón quitado, optó por la clausura absoluta y dedicarse a esperar a que el partido les diera un descanso.

Paradón de De Gea

El respiro sentó mejor a los de Londres que a los madrileños, que empezaron la segunda mitad tan enclaustrados como lo estuvo el rival al final del primer acto. Los de Hodgson conseguían que el balón pasara mucho tiempo rondando el área colchonera y ahí eran tan peligrosos los delanteros ingleses como los defensas de Quique. Antonio López obligó a De Gea a lucirse tras convertir un despeje en asistencia para el chut de Davies dentro del área.

Del paradón al 90 iba aún media hora, pero solo sirvió para que los equipos llegaran más cansados a la prórroga. El ingreso de Jurado dejó la pataleta de Simao y por fin alguien con criterio sobre el campo. También entró Salvio, que no dijo nada que no hubiera dicho ya Reyes. Agüero y Forlán, ocultos entre los armarios roperos del Fulham, no tuvieron nunca ocasión de cazar los centros en largo. De frenar las pocas salidas de los ingleses ya se encargaba un Domínguez portentoso.

Tocaba sufrir en tiempo extra, como ante el Liverpool, y en ese terreno el Atlético tiene ya mucho trecho caminado. Más que ninguno, el viejo rockero uruguayo. Primero hizo un jugadón individual que ni Salvio ni Agüero lograron empujar dentro. Luego envió a las nubes un buen pase de Ujfalusi y por fin, a la tercera, culminó una genialidad del Kun con un espuelazo que se coló llorando tras tocar en un defensa. Con incertidumbre. A su manera. Grande Atleti.