El escritor, que abrió una vía literaria que ya se estudia en las universidades de EE.UU., recuerda que hacía prácticas de escalada en el Dique de Abrigo
26 abr 2010 . Actualizado a las 13:23 h.Durante la mañana de ayer estuvo en Barcelona para participar en la principal cita literaria anual, el día del libro y la rosa, una jornada en la que se venden la mitad de los libros de todo el año. Agustín Fernández Mallo firmó ejemplares de su última obra, Nocilla Lab (Alfaguara), y por la tarde ya estaba en Madrid para participar, en la Casa de América, en uno de los actos de La noche de los libros . A Madrid volverá para participar en la Feria del Libro, otra de las grandes citas literarias del año. Y es que Fernández Mallo se ha convertido en el best seller coruñés con la trilogía Nocilla , que por ahora «está terminada. El tiempo dirá lo que pasa, pero con tres libros, una película y un documental colgado en mi blog, en el que hablo de los extrarradios del proyecto, ya está».
Actualmente, «en realidad no hago nada; no trabajo programando las cosas, hago lo que va saliendo en cada momento y ahora estoy con cosas de poesía, con cuentos, escribo sin saber a dónde me lleva: mi método no es saber a dónde voy ni lo que estoy haciendo; yo vengo de la poesía, escribo poesía y mis novelas sin la poesía que hay ellas no son nada», explica el escritor en Barcelona, antes de recordar que toda su infancia y primera juventud la pasó en A Coruña.
Sostiene que tiene muchos recuerdos de la ciudad, de etapas como aquella en la que «íbamos al Dique de Abrigo a practicar escalada, íbamos aunque lloviera». De hecho, apunta que fue uno de los socios de aquella primera época de Ártabros. Aunque ha dejado la escalada y de ir al monte Xalo a practicarla, su papel en la literatura ha sido, usando un símil con dicha actividad, el de abrir una nueva vía, y por ello «cuando se habla de la última etapa de la historia de la literatura en España se menciona siempre la mía». Pero el fenómeno va más allá y lo ha podido comprobar personalmente: «Hace poco estuve en Estados Unidos y me sorprendió que en algunas universidades están haciendo sesudos estudios sobre mi literatura».
Sobre la posibilidad de vivir de la literatura sostiene que es una cuestión que «habría que matizar mucho; claro que podría vivir, pero tengo mi trabajo como físico». En cuanto a la vinculación entre ambas actividades, Fernández Mallo sostiene que «en toda mi literatura están muy presentes las ciencias, tienen una poética muy interesante, ya en la poesía estaba eso de usar las ciencias como metáfora de las cosas».
El escritor alterna estas explicaciones con recuerdos de su ciudad natal, en la que a principios de los años ochenta había «un bar muy chulo, frente al Otero, era el Parador». En sus estancias en la ciudad ha podido descubrir que una reforma en dicho local le restó, en su opinión, aquel encanto que tenía.
Aunque cansado por el ajetreo de ir de un lado a otro, asegura que le hace ilusión ese contacto con los lectores, algo que, de todos modos, mantiene también a través de su blog, El hombre que salió de la tarta , «que recibe 30.000 visitas al mes, y contesto a casi todos los comentarios que me dejan, aunque esto supone dedicarle bastante tiempo».