Según los datos de la Xunta y del Ayuntamiento, 16 viviendas de As Rañas tendrán que se demolidas para la construcción del empalme entre los tramos autonómico y estatal de la tercera ronda. Algunos de los afectados aseguran que lo que para la ciudad significa progreso para ellos podría ser la ruina total. Y no hablan en términos económicos, porque al fin y al cabo, el dinero es lo de menos. Hablan de su estado de ánimo: «Si me echan de aquí, ¿dónde me meto? Podríamos buscar un piso de alquiler, pero no sería lo mismo que estar aquí, tan tranquilos». Josefa Juncal tiene 73 años y construyó su casa en As Rañas en el año 79. Vive con uno de sus hijos, su nuera y dos nietos de 6 y 7 años. «Que me quiten terreno no me importa mucho, pero sí la casa», explica. Aunque «estos temas» los lleva su nuera, sabe que los vecinos de As Rañas «estamos en lucha» porque el dinero de las expropiaciones no compensa su calidad de vida y porque hay fórmulas para reducir el impacto del proyecto en la zona. De ello sabe Manuel Vales, otro vecino de la zona que, aunque su finca no está afectada, ha planteado junto con otros compañeros la posibilidad de variar el proyecto «para que non se gasten cartos tontamente». La propuesta de estos vecinos coincide con la que ha trasladado el alcalde a la Consellería de Infraestructuras. Es decir, en vez de excavar un talud en esta zona lo que plantean es que se instalen muros apantallados o pilotados. Sería, según Manuel Vales, un planteamiento más barato y más fácil de ejecutar que el de San Cristóbal das Viñas y, además, permitiría que la carretera tuviese cuatro carriles en cada lado, uno más de los que tiene proyectados la Xunta.
A pesar de que el Ayuntamiento se ha hecho eco de las reivindicaciones vecinales, Lino Landeira no las ve todas consigo. De hecho cree que la solución no llegará pronto y, por lo que le dicen técnicos del Ayuntamiento y de la Xunta, todo dependerá de la ejecución del enlace de Vío. Él vive junto con su esposa, sus dos hijos y su suegra en una de las casas que deberán desaparecer para dejar paso a la tercera ronda. Y la espera y la falta de información cada día es más pesada. Como explicaba Josefa Juncal, «es que llevamos así mucho tiempo, esperando, esperando... Es que yo llevo nerviosa desde el 98, a la espera de noticias. Y ahora que van a abrir el Ikea quieren hacerlo a cien por hora». Para Antonio Becerra, que también vive en As Rañas desde el 79, la espera no se le hace tan larga. Eso sí, «canto máis paguen pola finca que van expropiar, mellor», dice.