La generación de Internet y la Play, la más expuesta a imágenes sin filtro, no dejó ayer de sorprenderse con las fotos, por ejemplo, de una córnea cegada por la cal o un hígado tamaño elefante. Eran reales. También el testimonio, en vivo y en directo, de una persona que pasó por la espera, la desespera y la vuelta a la vida normal les llamó la atención. «Fue lo que más me gustó», decía un joven. «Sobre todo por lo que dijo del cambio de mentalidad», terciaba otra. José Manuel les contó que sí, que hay un antes y un después, que «hay milagros que no llegan a tanto como esto». Les hizo reír, pero también pensar. Les contó cómo la factura de no quererse le pasó a los 52, cuando necesitó un hígado y un páncreas para continuar. Y aprovechó para abrir otra puerta: «Del botellón no os voy a explicar nada, porque a lo mejor sois catedráticos», les dijo. Bromeó con esos licores espirituosos «azules como el agua velva» vendidos en bolsas blancas y con los que, está seguro, «os están utilizando». Por experiencia propia, les habló de perder la salud, la identidad y la familia. Y acabó a la catalana: «Vosotros mismos».