«Las entradas para estos espectáculos vuelan»

La Voz

A CORUÑA

Domingo pasado. 11.45 de la mañana. Las puertas del Teatro Colón son un hervidero de niños y padres. Sobre todo madres, alguna con sus niños y con los de sus hermanas. «Nos turnamos, una vez los traigo yo y otra mi hermana», dice una de las asistentes, que lleva a sus dos hijos y a un sobrino. Van a ver Andersen, el musical, una función que recrea el mundo del creador de Hansel y Gretel.

Ahí recae una de las claves del éxito. Los espectáculos se dirigen hacia los niños, pero con unas claves asumibles por los padres. De hecho, solo hay que mirar las caras para darse cuenta de que funciona en los dos niveles: padres e hijos

No quedan entradas en taquilla. «Ya se vendieron todas con mucha antelación. Para este tipo de espectáculos vuelan», explica una de las azafatas. Entrega a los asistentes las próximas funciones: Pinocho, el musical, Alicia, Hansel & Gretel y Aprende a jugar con Barrio Sésamo. Lo dicho: los mismos personajes de toda la vida servidos con fórmulas diferentes y encandilando a las nuevas generaciones.

«Mamá, ¿esa es la reina de los mares?», pregunta una niña. «No, es la de las nieves», le contesta su madre. «¿Y qué diferencia hay entre una y otra?», insiste la pequeña. «Pues que una viene del fondo del mar y la otra del polo Ártico». La citada reina viene a ser la persona que pretende influenciar a Andersen para que cambie los cuentos por las novelas de crímenes y violencia.

A la media hora, empieza el ajetreo. Algún niño inquieto tiene que pasear por el pasillo. Otro, ir al servicio. Pero la mayoría están abducidos por lo que sucede en el escenario. «¡Eres una mala!», grita uno desde la butaca a la reina que pretende pervertir a Andersen. Lo mejor de todo llega al final. Los actores no se retiran al camerino. Acuden a la puerta. Empieza entonces la sesión de fotos y autógrafos. ¿La más demandada? La sirenita que suspira por el sensible escritor.