El anuncio de la creación del corredor verde en Orillamar ha sido acogido con cierto escepticismo e, incluso, preocupación por los vecinos de la zona. Si bien el proyecto supondría, a priori, una dignificación y humanización de la calle -en la que cobrarían mayor protagonismo los peatones-, los residentes anteponen la necesidad práctica del uso del automóvil.
«Esta es una zona de tránsito de vehículos, no de paseo, con muchos comercios y locales de hostelería que tienen que descargar la mercancía estacionando en algún lado», apunta Jesús Rodríguez desde la floristería Calo, situada en las inmediaciones de San Amaro. «Por aquí solo pasan coches, los niños se van a jugar al campo de Marte o la plaza de España. Y buena parte de los negocios viven de clientes que vienen de fuera, que vienen hasta aquí en coche, y no de la gente del barrio. Así que no sé por qué van a reducir un carril y el espacio para aparcar, si es precisamente lo que nos hace falta», añade.
Esta reivindicación la comparte Juan Vázquez, residente en Orillamar desde hace treinta años, que asegura no saber «dónde van a meter los coches, porque dicen que los repartirán por calles aledañas, pero es que no queda ni un sitio libre donde aparcar en ninguna de ellas. Así que primero que hagan aparcamientos, y después que pongan paseos», reclama antes de vaticinar que el rediseño no conseguirá ordenar el tráfico: «¿En serio crees que por poner un arbolito la gente va a dejar de aparcar mal?».
El debate continúa en la cafetería Roma. Tras la barra surge como única solución a la falta de plazas de aparcamiento «esperar a que se tiren los edificios viejos y se levanten otros con garajes». «Y ni con esas -apunta uno de los camareros-, que la mayoría del tráfico lo genera gente de fuera del barrio que viene a hacer gestiones a las oficinas de la zona».