Un repaso a las mejores perlas del 2009 desvela que los problemas, a veces, se toman con humor
03 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Empezó el 2009 con el Klaus , que fue mucho empezar. A aquel soplón se le dio título noble, pues le pusieron ciclogénesis explosiva. Tan explosiva como fue la frase de Manuel López, un vecino de Irixoa que tras sufrir 150 horas sin luz porque el ciclón se llevó por delante los cables, puso el grito en el cielo: «Gracias a Unión Fenosa ya sé cómo se vivía en los cuarenta».
El Klaus poco más pudo arrancar a la creatividad oral de los coruñeses. Fue otro vendaval el que sí despertó algunas de las frases más célebres del año, el de Raphael. Su participación en el Noroeste Pop Rock afiló el ingenio de muchos. Y si hay alguien en esta ciudad que va sobrado de chispa es González Garcés, que a propósito de la manifestación que hubo en la ciudad con motivo del concierto, espetó: «Si ahora la gran preocupación de un universitario es si Raphael puede estar incluido en el pop o no, pues la verdad es que es, desde ese punto de vista, encantador». Y al preguntarle las razones por las que no traía un cantante de gran talla internacional, contestó que «es una obscenidad que un artista cobre cinco millones de euros. Que alguien se los pague es doble obscenidad. Y, si aún encima se le paga con dinero de todos los gallegos, es triple obscenidad».
No hay mes de enero en que el concejal de Fiestas no conquiste el cetro de las frases del año. Si le dicen que el programa festivo veraniego es pobre, replica que «hay gente en la ciudad que no tolera cualquier acto cultural en el que no haya panxoliñas». Ante esto, el edil nacionalista Mario López Rico no pudo más que decir que «Garcés e un home moi simpático».
El embajador de España cerca de la Santa Sede, Francisco Vázquez, también echó un capote a Garcés con la polémica de las corridas de toros, al establecer que «hay muchos a quienes les molesta cualquier fiesta nacional; quieren siempre la fiesta del grelo».
La ele
Tampoco se olvidó este año Vázquez de la guerra del topónimo. Con motivo de la recepción del premio Fernández-Latorre, el ex regidor recordó a los presentes que «La Coruña se escribe con ele de Libertad».
Hizo cantera Francisco Vázquez en María Pita, pues ahí quedaron sucesores de ornamentado discurso para suplir, hasta con retranca, esos plenos municipales que suelen ser una invitación al bostezo. Este año Javier Losada dejó magníficas joyas autobiográficas. No hace mucho dijo que «a los barrios no los conoce ni la madre que los parió». También se puso galones el día en que hizo observar a los coruñeses: «Mis obras faraónicas son el centro cívico del Agra o el servicio de canguros». O cuando descartó la propuesta formulada por un arquitecto para recuperar las murallas del Parrote y desviar el tráfico por una nueva carretera sobre el mar. «Tiene mucha imaginación», afirmó el regidor antes de asegurar que la iniciativa dada a conocer «está bien como proyecto de fin de carrera».
La «guerra» política
Losada está en plena forma. Como su principal opositor, Carlos Negreira, un hombre que este año, y a 17 meses de las próximas elecciones municipales, advierte: «No me siento alcalde, todavía». El líder del PP, además, «condenaría al señor Losada a pasar más tiempo en la calle».
Y si de condenas hablamos, qué mejor que referirnos al juez decano de A Coruña, Fraga Mandián, que castigaría a los políticos por el poco caso que le hacen a la Justicia. Fue a la huelga y le recordó al Gobierno que le falta «voluntad». A este juez le hubiese gustado «que el Gobierno atendiese a la Justicia con tal celeridad, dinero y recursos como atendió a la banca cuando esta pidió ayuda».
Ladrillazos al poder hubo muchos, como el que lanzó el viudo de la turista salmantina que falleció en Os Pelamios tras apoyarse en una barandilla en mal estado: «Puedo entender que al alcalde se le escape una valla en mal estado, pero no que luego se esconda y ni siquiera me dé el pésame».
Y eso que Salman Rushdie, en su fugaz visita a A Coruña, se lamentaba de lo dañada que estaba la libertad de expresión diciendo que la sociedad «se acobardó en los últimos años».