Buscando la paz en los sonidos

A CORUÑA

Un alemán imparte en Sada un concierto de cuencos tibetanos como terapia colectiva para la recuperación del planeta

07 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Al final no aplaudáis, no es un concierto para aplaudir». Helmut Harald habla con voz pausada, lo que aumenta aún más el relax generado por la luz tenue del gran salón. Ante él, una decena de personas le escuchan tumbadas sobre esterillas y con los ojos cerrados. Son los preámbulos del concierto de cuencos tibetanos celebrado ayer en la sexta planta de un hotel de Sada. Solo unos minutos antes, el intérprete alemán -con residencia en Burgos- había dispuesto una docena de cuencos metálicos sobre una mesa, con tres platillos colgando en la parte frontal y un sencillo despertador de plástico rojo para controlar los tiempos. En una mesa anexa, un voluminoso instrumento de cuerda con el que dio inicio al concierto o «viaje a la paz interna». «Pero recordad, la paz interna no existe sin la paz externa y estamos en un planeta muy inseguro para los seres humanos», afirma casi en un susurro. «¿Cómo actúas tú para salvar este planeta?». Es una pregunta que no busca respuesta, igual que el concierto que no busca aplausos. «Hay un clarinetista israelí que pide que no se le aplauda porque siempre intenta que la gente se lleve la última melodía a casa». Por eso asegura que, al final del concierto, no se van a compartir las experiencias. «Son vuestras», justifica este hombre alto, espigado y vestido con un chaleco violeta. Todo su atrezo exhibe colores vivos.

El concierto está a punto de comenzar, pero desde una carpa ubicada en frente del hotel llegan los acordes de Doctor Snob, un grupo de rock que exprime todos sus decibelios. Pero Helmut, lejos de emitir signos de fastidio, mantiene su voz queda y recuerda a su pequeño auditorio que «en estos conciertos hay que integrar los ruidos de dentro y los de fuera». Antes de iniciar el concierto, previene que los teléfonos móviles estén apagados. Comienza con un pequeño gong y continúa con el instrumento de cuerda que él mismo refuerza con sonidos guturales. El salón del hotel se llena entonces de vibraciones, pero se mezclan con las emitidas por Doctor Snob. Con dos gruesos cilindros actúa sobre los cuencos. Llega el momento climático que Helmut ha intentado explicarles en una charla teórica anterior. «Primero, escucha tu cuerpo, luego toca aceptar, porque si no aprendo a escuchar las necesidades de mi cuerpo no me puedo aceptar». Y al final, el tercer pilar de sus tesis: la nada. Ya no se oye a Doctor Snob.