Cuatro vecinos de A Coruña que no encontraban empleo abren sus propios negocios con la ayuda de microcréditos de la Obra Social de Caixa Galicia
20 oct 2009 . Actualizado a las 11:12 h.El mercado laboral no es fácil. Incluso para licenciados. Al biólogo Emilio García le resultaba complicado encontrar un trabajo como investigador. Tenía experiencia docente impartiendo lecciones a domicilio. Le gustaba. Fue eso lo que lo animó a montar su propio negocio, una academia que acaba de abrir sus puertas en la calle Monasterio de Caaveiro. Lo hizo de la mano del programa de microcréditos que da la Obra Social de Caixa Galicia. La iniciativa ofrece una línea de financiación para aquellos que no tienen la opción de acceder a créditos tradicionales. Pueden optar a un tope de 25.000 euros con un tipo fijo de interés del 4% a cinco años. También disponen de medio año de carencia.
Este joven licenciado es una muestra del nuevo perfil de personas que piden un microcrédito para montar un negocio. Mientras antes del estallido de la crisis eran aquellos que corrían riesgo de exclusión (parados de larga duración, inmigrantes o los que tenían un bajo nivel de formación) los que recurrían a este tipo de financiación, ahora son cada vez más jóvenes bien preparados los que optan por esta vía.
Ese fue el caso también de Jorge Pérez y Adolfo López. Ambos contaban con una larga experiencia en el sector comercial minorista. Tras perder el empleo y comprobar que había un sector que no estaba cubierto en la zona centro de la ciudad, inauguraron una zapatería en la que reinan las zapatillas y las alpargatas.
Pero junto a esos perfiles hay otros como el de Carmen Fernández, una mujer que, por experiencia propia, conoce bien lo complicado que es encontrar trabajo cuando se ha llegado a los 60. Por eso, el pasado verano pasó a ser una reincidente en el programa de microcréditos que ofrece la Obra Social de Caixa Galicia. Antes había pedido dinero para montar un locutorio. Le fue bien. Por eso ahora ha invertido 17.500 euros en abrir una mercería papelería en las inmediaciones del campo de Marte. Antes de presentar el proyecto observó cómo en la zona en la que lo ha abierto no había mercerías o las que había estaban cerrando. Eso, unido a que no hallaba trabajo, la animó a volver a recurrir al programa de Caixa Galicia para poner en marcha la idea.