El lunes, un concejal del PP llamó a la coalición formada por el PSOE y el BNG nacionalsocialistas. Sucedió en el pleno de la corporación municipal en el que se aprobaron -con la abstención de los populares- la retirada de la ciudad de 53 símbolos franquistas, entre ellos las placas de 22 calles. El término nacionalsocialista lo acuñó hace ya más de setenta años el líder del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP), Joseph Goebbels, que formó parte del Gobierno de Adolf Hitler entre 1933 y 1945. El resultado de su política lo conocemos todos, o deberíamos conocerlo: sesenta millones de muertos. El viernes, otro edil del PP, su portavoz, Carlos Negreira, en un lapsus que él mismo se encargó de corregir al instante, dijo que Millán Astray fue un coruñés de pro. Si las palabras de Negreira fueron un lapsus, la de su edil Juan de Dios Ruano no lo parecieron, pues cinco días después no había ni rastro de rectificación. La memoria histórica, en fin, nos está haciendo perder la memoria... Quizás sea porque nos remontamos demasiados años en el tiempo.
Hay memorias históricas que deberían poner, desde luego, más histéricos a nuestros políticos. Pasa con el centro de alzhéimer, con su primera piedra tapada ya por el polvo del paso de los años, un símbolo cuando hablamos de memorias y de pérdidas de memoria. Mañana mismo el alcalde firmará otro convenio -¿será el último?- para ponerlo, suponemos, en marcha.
Sucede también con otros muchos proyectos que, tanto mirar al pasado, van cayendo en el olvido. El plan de transporte metropolitano es, entre ellos, paradigmático. Los problemas informáticos -es cierto que en los años 30 del siglo XX no los había, pues no existía la informática, pero eso no quiere decir que cualquier tiempo pasado haya sido mejor...- han dejado tirado un proyecto del que solo se acuerdan cada cuatro años. Es sin duda una de las prioridades de los tres partidos políticos en María Pita, pues así lo dejan dicho sus líderes en las entrevistas que conceden en las jornadas previas a las elecciones municipales. Pero luego llega el penoso día a día, la memoria histórica, Millán Astray, el topónimo y los fantasmas del nacionalsocialismo, y lo prioritario pasa «a mejor vida», un eufemismo de tal magnitud que gustará mucho a la clase política, la misma que, cuando está en el poder, llama «crecimiento negativo» a una crisis galopante.
La informática, pues, es la última coartada para explicar los motivos por los que el plan de transporte metropolitano no está ya rodando por nuestros peajes, travesías y corredoiras. A este paso, cuando el plan se estrene -no lo duden, será a bombo y platillo-, los coruñeses que quieran utilizar este servicio no tendrán ni un euro para usarlo. De estos 400.000 coruñeses de pro, y esto no es un lapsus, es de los que tendrían que preocuparse ya y de una vez por todas nuestros tozuda y reiteradamente desmemoriados gobernantes.