Las finanzas de la Universidad gallega se tambalean. Hace tiempo que las cuentas no cuadran y la crisis económica puede poner la puntilla a la aspiración de huir de la mediocridad y poder ser, por fin, campus de primera. Ayer, los rectores se sacudieron una vez más el complejo de pedigüeños para reclamar al nuevo presidente de la Xunta lo de siempre: más fondos que les permitan ser universidades punteras.
Barro, Barja y Gago están preocupados y razones no les faltan. Las cifras cantan: es cierto que la aportación de la Xunta ha aumentado en los últimos años, pero también lo es que el número de alumnos sigue cayendo (desde 1999, de 98.600 a menos de 68.000, y con ellos los ingresos por matrícula) y que el número de profesores, en cambio, se mantiene (en unos 5.400) con salarios, eso sí, más altos que hace diez años.
El penúltimo capítulo del culebrón económico que viven las tres universidades de la comunidad es que han empezado a dedicar a gastos corrientes recursos destinados a programas de investigación. «O pagamos la luz o investigamos», advirtió el vicerrector de Economía compostelano hace solo tres semanas. A mayores, tienen que asumir el coste de adaptarse al espacio europeo de educación superior, el plan Bolonia. Les urge como nunca un nuevo marco de financiación.
Los rectores quieren sentarse este mismo mes con Feijoo para hablar del nuevo sistema de cara al 2011, pero también saben que el contexto económico no ayuda. De hecho, la crisis frenó en seco la revisión de la actual financiación, anunciada por Touriño en enero del 2008. El anterior presidente autonómico prometió entonces dar a las universidades más del 1% del PIB (la inversión actual apenas llega al 0,75%), pero solo unos meses después decidía aplazar la negociación. Tan decisivo documento -alegaron desde la Xunta-no debía hacerse en plena recesión económica.
Los rectores ya han dicho que están dispuestos a apretarse el cinturón e insisten en que el plan condicione el incremento de recursos a la consecución de objetivos. Porque, como señalan algunas voces, no se trata solo de recibir más fondos: la eficacia también depende de gestionarlos dentro de un modelo bien definido. Quizá uno distinto al actual.