En la ciudad hay placas con más de 160 años, colocadas letra a letra, que comparten espacio con las instaladas en esta década o las que evitaron la Comisión de Honores
10 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Conozco cada rincón de este bosque, cada árbol, cada historia,... ¡cada historia!». El chascarrillo de Les Luthiers es aplicable a los cientos de nombres de las calles de la ciudad. Detrás de cada placa se esconde una historia, a veces dura, como la de Porlier, ahorcado, a veces romántica, como Juana de Vega que en el callejero sigue al lado de su marido, el general Espoz y Mina -aunque el acuerdo municipal para hacerlo constar en la placa no llegó a ejecutarse nunca y sigue siendo la plaza de Mina- y a veces la historia es reivindicativa como la colorista Avda de Arteixo colocada en su día por encima de la oficial Avenida Arteijo.
Si diversas son las historias escondidas tras un nombre, no lo son menos los modelos de placas que las sostienen, en ocasiones sin pasar por la Comisión de Honores y Distinciones del Ayuntamiento, como es el caso de Henrique Aller, un cooperante fallecido en Perú al que ayer mismo le rendía homenaje en Santiago el presidente de la Xunta; antes de ello, alguien había decidido que merecía ser recordado y pintó una placa con su nombre en un lateral del pub Dublín, en Panaderas.
Otras que tampoco pasaron por la Comisión de Honores son las de los choqueiros de Monte Alto, que por el momento reúne a César San José y a Palau pero que los animadores del Carnaval de la calle de la Torre quieren ir aumentando año a año. Todo empezó precisamente con una choqueirada del callejero ya que la vía denominada San José pasó a llevar antes el nombre de César, rindiendo así homenaje a uno de los personajes más conocidos de la zona y de buena parte de la ciudad.
La más vieja, Santo Domingo
«Las placas más antiguas son las fragmentadas, las que se hacían letra a letra», explica el historiador Xosé Alfeirán. De las pocas que quedan de este tipo está la de la calle Santo Domingo, en la Ciudad Vieja, y Alfeirán la sitúa en el año 1848; este dato supone que en estos momentos están compartiendo espacio placas de hace más de 160 años con las últimas instaladas en el Orzán (Praciña de Pastoriza) o la controvertida Libertad, de Vioño, inaugurada en julio y que estos días reclaman los vecinos de Monte Alto considerando que la decisión ha sido «un roubo» ya que querían cambiar su Disciplina por la esquiva Libertad.
Alfeirán, que está elaborando un amplio trabajo de investigación sobre estas placas, también destaca la antigüedad de las «de loza blanca y tinta negra», como las de Tinajas (a su lado fue instalada la nueva, hecha en piedra, como todas las de la Ciudad Vieja).
Las de loza son del año 1866 y otro ejemplo de ellas es la que sitúa la calle Santiago colocada en la fachada de la iglesia del mismo nombre.
Este historiador también aporta un dato curioso sobre la plaza del General Cánovas, una de las que acordó retirar el pleno municipal en su última sesión; está colocada en un lateral del edificio de Capitanía General y el paso del tiempo ha ido gastando tanto las letras que lo único que se ve es un amplio espacio en blanco. «Pues esa calle fue aprobada en 1943», apunta Alfeirán. Es una más de esos cientos de historias apenas esbozadas en un nombre.