La destrucción de una riqueza

Carlos Fernández

A CORUÑA

El Colegio de Arquitectos recupera en un libro algunas de las principales construcciones desaparecidas en la ciudad

06 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La llegada de la democracia al Ayuntamiento coruñés tras los años negros de la dictadura franquista puso freno, al menos en una parte importante, a la progresiva destrucción del patrimonio arquitectónico de la ciudad, que corrió paralelo a la construcción de enormes edificios que multiplicaron la densidad poblacional y la convirtieron en una urbe molesta para la vida de las personas y cuyos efectos se siguen pagando décadas después, como ha puesto de manifiesto en su reciente diagnóstico previo a la elaboración del primer plan general del siglo XXI el profesor Joan Busquets.

Un interesante libro editado por parte del Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia recuerda lo desaparecido y constituye un testimonio de primera mano para conocimiento de las generaciones venideras. Se titula Arquitectura desaparecida , con edición de Fernando Agrasar y estudios, aparte del citado, de expertos en el tema, como Julio Álvarez García, José Ramón Soraluce, Miguel Abelleira Doldán, Mercedes López García, Miguel Silva Suárez y Xosé Fernández.

Puestos a destacar las destrucciones más emblemáticas, uno lo haría con la Casa Gótica del Parrote, el castillo de San Diego y el edificio del Hotel Atlántico. El primero lo fue en 1936, aprovechando la convulsa situación del país, y los otros dos ocurrieron en los años sesenta y setenta, el castillo con motivo de la construcción del muelle de San Diego y el hotel víctima de la dejadez municipal y de una supuesta necesidad de ampliar la capacidad hotelera de la ciudad. Apunta Fernando Agrasar en su introducción que «la ciudad es una construcción histórica y el tiempo y los significados que pueden leerse en sus espacios públicos y edificios no son sólo de la época en que fueron construidos, sino los de cada transformación, renovación y cambio de uso».

La emblemática avenida de la Marina, con sus galerías acristaladas, tenía continuación en los Cantones, aunque con unos dientes de sierra en sus alturas, y fue destruida poco a poco, siendo el primer edificio, o el más singular, que rompió su estética el del Banco Pastor, en los años veinte, que vulneró las ordenanzas entonces vigentes a cambio de llamar la atención, pues fue en su tiempo uno de los más altos de España.

También vulneró esa continuidad, en la avenida de Linares Rivas, la llamada Casa Barrié (que se vino abajo cuando iba por la segunda planta y su obra estuvo paralizada muchos años).

Otros desastres

Aparte el Hotel Atlántico también cayeron otros edificios como el del Palace Hotel y el de Francia (luego España). En cuanto a colegios, puede citarse el de los Maristas, entre las calles Teresa Herrera y Francisco Mariño, las Josefinas en Juan Flórez; mercados como el antiguo de la plaza de Lugo; chalés señoriales del Ensanche, como los de Araújo, Fariña, Molezún, Pernas, número 1 de Pardo Bazán; los teatros Linares Rivas y Pardo Bazán; los cines Doré y Savoy; la iglesia de los Jesuitas y el adosamiento a la de Santa Lucía de un extraño edificio en forma de escalera; asilos como el de Adelaida Muro, o el corte de una perspectiva cual fue la del antiguo Campo de la Leña (hoy plaza de España) con la construcción en medio de la misma de un bloque piramidal, llamado entonces de forma irónica como Hollywood, porque albergaba viviendas militares, con muchas «estrellas».

Paralelo a la destrucción de ese importante patrimonio urbanístico de la ciudad corrió la construcción de edificios enormes y poco estéticos como el levantado en la antigua casa de baños de Riazor, con 16 pisos, que deja a la playa en sombra durante varios meses del año; el paralelepípedo de As Lagoas, que tapa la visión de la torre de Hércules desde parte del paseo marítimo; los edificios Trébol, torres Costa Rica, Riazor, Galicia, Maestros, Esmeralda, Torres y Sáez, Primo de Rivera y muchos otros ejemplos.