«¿Pero cuándo llega el buen tiempo?»

A CORUÑA

Los coruñeses aceptan resignados la lluvia constante en pleno agosto. Se quejan de no poder hacer actividades al aire libre y la Feria del Libro se resiente

07 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Aunque los meteorólogos insistan en que este verano no es del todo anómalo, los coruñeses no logran acostumbrarse a él. Los expertos hablan de una cierta obnubilación por la secuencia de los años 2003 a 2006, en los que se sucedieron varios veranos presididos por sol y los días despejados. Pero en la calle la sensación se repite: este verano está siendo climatológicamente horrible. «De los diez años que llevo en esta ciudad este es sin duda el peor de todos», explica Hernán Abal, que regenta la cafetería Arcadia en la plaza de Ourense.

Detrás de la barra no solo ve cómo la lluvia cae en la calle, sino que su trabajo diario se ve alterado por situaciones nada normales en esta época del año: «Si en un mes de agosto vendía diez cafés con hielo diarios, ahora vendo uno», comenta mientras llena de agua caliente una tetera. «¿Ves? Sirvo muchas infusiones. También cafés con leche y lo lógico en estas fechas sería despachar refrescos y cañas. La verdad es que a veces estoy trabajando y me olvido del mes en el que estamos. Parece que fuera invierno». Ello conlleva un problema: las cañas pueden duplicarse y triplicarse, sin embargo raro es el cliente que se tome tres manzanillas. «Con este tipo de clima ganas menos. Se nota bastante en la caja», comenta.

En cafeterías como la de Hernán Abal últimamente se repite una escena: padres con niños pequeños que no saben qué hacer con ellos. Algunos optan por llevarlos a hacer la compra. Isabel Abros va con su hija Andreia de seis años impermeabilizada al agua con un chubasquero. Su hijo Xosé, de 18 meses, todavía va en silla. Eso sí, convenientemente plastificada para resguardarlo de la lluvia. «Es que no se puede hacer nada. Bajábamos a mirar a la Feria del Libro, pero con este tiempo nos vamos para casa», explica.

Así llevan todos estos días en los que Isabel busca opciones para tener a los críos entretenidos al margen de parques, playas y cualquier actividad al aire libre. ¿El cine? «!Pero si ya hemos visto todas las películas de animación que echan en el cine!», exclama, mientras su hija se ríe con gesto afirmativo. «A ver si esto mejora porque quería llevarlos a la Batalla Naval. Dicen que habrá buen tiempo, pero yo ya no me creo nada», dice.

Eso será mañana, hasta entonces son necesarias las soluciones inmediatas. «Hoy a la tarde lo tengo claro, me los llevo a Dolce Vita y pasamos allí la tarde», señala la madre que, no obstante, desea «no tener que pasar todo agosto metida con los niños en centros comerciales sin poder hacer nada en la calle».

Venta de paraguas en la calle

Una idea de a qué punto ha llegado la situación la da el hecho de la venta ambulante en la calle de paraguas. Un inmigrante los ofrece en el entorno de la plaza de Lugo en lugar de los habituales cedés, cinturones o gafas de sol. Eso sí, en cuando ve una cámara fotográfica, se retira y con un «no comprendo» se marcha sin ni siquiera poderle preguntar el precio. La lluvia también también repercute en la lectura y en el modo de acercarse a ella. Que se lo digan a los responsables de la campaña Lee en la playa, una caravana que recorre toda España y cuyos actos previsto en su escala coruñesa, que iban a desarrollarse en la playa de Riazor, los desbarató completamente el clima. Los gnomos, caballeros medievales, hadas y aladinos que iban a animar la jornada tuvieron que irse con su aura literaria a otra parte. La playa se quedó para los socorristas y nadie más.

La cosa no pinta mejor en la Feria del Libro, donde las gotas de agua caen de los tejadillos de las casetas. La respuesta a la pregunta de cómo va la cosa obtiene la misma contestación en todas: «Flojo, muy flojo». Ignacio Pérez, el encargado del puesto de la editorial Primera Persona, asegura que la lluvia de mañana equivale a una mala caja. «Cuando la gente ve que llueve, mucha de ella no sale de casa y eso afecta en las ventas de los libros hasta un 40%», comenta., aunque revela que «por las tardes y las noches la gente sigue viniendo aunque llueva». Confiesa que los primeros días de la feria han sido peores que los de veranos anteriores precisamente por ello.

Sin embargo, la lluvia tiene un particular efecto positivo. Muchos padres acuden e la feria en busca de un producto específico: libros infantiles para que sus hijos pueden estar entretenidos en casa. «Esta editorial está enfocada a los libros con muchos juegos y actividades, que es algo que muchos padres ven como una solución. Los niños se divierten y además se educan», dice el librero, mientras ve cómo algunos peatones se resguardan bajo la visera de su puesto.

En todas partes de la ciudad los gestos de resignación se ven salpicados con gotitas de lluvia, gestos que sin palabras hacen la misma pregunta: «¿Pero cuándo llega el buen tiempo?».