Los herradores de caballos aún forman parte de la estampa de Galicia. Alfonso, de Curtis, analiza el estado de su profesión
07 may 2009 . Actualizado a las 14:05 h.Es una estampa que chirría con el I+D+i. Una profesión con más crisis vocacional que en los seminarios. Un gremio en peligro de extinción. Pero en un mundo plagado de coches y motos, los herradores de caballos todavía asoman por algunos rincones de Galicia.
Es el caso de A Castellana, donde se tomó la imagen de este reportaje a finales de febrero. El herrador, Alfonso López Arraña, cumplía uno de sus habituales servicios. Este hombre oriundo de la aldea de Cabrui, en el concello de Mesía, abarca una amplia zona de clientela desde su lugar de residencia en Fene. Pero desde allí viaja con frecuencia a la comarca coruñesa. «Supoño que practicamente eu son o máis vello dos ferradores galegos», explica Alfonso, quien durante años trabajó para Astano pero siempre manteniendo activa su afición para herrar caballos. Alfonso recuerda tiempos de mayor competencia. «En Cortiñán (Bergondo) había tres irmáns e os tres eran ferradores, pero morreron todos», señala este veterano de 67 años, que coexiste con otros más jóvenes. «En Campolongo hai un ferrador que non ha pasar dos corenta anos, e outro en Parga (Lugo) tamén moi novo», explica Alfonso.
¿Está en crisis el sector? Sí y no, viene a decir López Arraña. «Non hai menos cabalos hoxe que trinta anos atrás. Antes eran utilizados para o traballo, e hoxe, dende a concentración parcelaria, son máis ben para ocio, pero para nós segue habendo cabalos para ferrar», indica Alfonso, que cobra treinta euros por servicio, «ou corenta ou cincuenta se me teño que desprazar moito». Volvamos a la crisis. «Se a xente non ten cuartos o primeiro que fai é desprenderse de cousas innecesarias como un cabalo para o tempo libre, así que supoño que os cabalos irán desaparecendo co tempo e ao mellor nós tamén», reflexiona.
Alfonso tiene un hijo y una hija. El primero mostró hace años un tibio interés por la profesión de su progenitor, pero la afición se ha ido enfriando con el paso de los años. «En cambio teño na Coruña un sobriño de 16 anos que si parece moi interesado no asunto», añade el ferrador, que reside en un segundo piso sin ascensor en la zona de Perlío, en Fene. «Por iso non podo ter cabalos na casa», se ríe Alfonso, quien sí disfrutó de equinos propios cuando residía en Curtis.
Tiene una cuenta pendiente con el mundo de los caballos: visitar las instalaciones hípicas construidas por el empresario Amancio Ortega en Casas Novas.