Dos entrenadores del equipo coruñés de voleibol fueron los primeros en asistir a las accidentadas en Santiago y ayer las jugadoras viajaron a Lugo para asistir al funeral
05 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El silencio era más explícito que cualquier palabra. Besos, abrazos que estrujaban las ropas negras y lágrimas que se mezclaban en las mejillas de jóvenes que rondan los 16 años, o quedaban ocultas tras las gafas oscuras. Los intentos de decir algo coherente se estrangulaban en las gargantas, las palabras se resistían a expresar el dolor que sentían ayer las jugadoras del club de voleibol Zalaeta ante el fallecimiento de sus compañeras del Emevé de Lugo.
Poco antes de las cuatro de la tarde, lo que mandaba en la mente de todos los que se disponían a viajar hasta Lugo para asistir al funeral de una de las fallecidas era esa imagen demoledora que dejó el accidente ocurrido en Santiago: el padre, ensangrentado, sentado sobre el asfalto, al lado de una sábana blanca que cubría el cadáver de su hija. Ella era Aida, una de las jóvenes jugadoras del Emevé.
«Nuestro autobús venía detrás, salimos poco después de ellas del aeropuerto; nos bajamos y lo primero que encontramos fue a Aida con su padre; ella aun estaba viva, aunque tenía el pulso muy débil; Iris también estaba fuera del microbús». Esto explicaba ayer Jorge Barrero, entrenador del Zalaeta, delante del instituto Ramón Menéndez Pidal, al que está vinculado dicho equipo. Le escuchaban algunas de las jugadoras que se disponían a viajar a Lugo para asistir al funeral por una de las fallecidas.
«Aquello era terrible»
Barrero conocía a las accidentadas «porque entrené a las cadetes gallegas y ellas venían a las concentraciones», apuntaba, además de compartir la última semana en Canarias, donde los dos equipos participaron en el campeonato nacional. Este entrenador, junto con el preparador David Hermida, fueron los primeros que llegaron para socorrer a las 17 personas que viajaban en el microbús siniestrado.
A Canarias viajaron «ocho juveniles y tres cadetes», explicaba una de las jóvenes del Zalaeta; también relataba que otra de las jugadoras del equipo «era muy amiga de Aida y como a ella le fue a buscar un primo venían en coche; al ver el accidente pararon y se la encontró allí en el suelo,... se murió en sus brazos y en los de su padre». Antes de ir saludando a las compañeras que llegaban apuntó que solo vieron el accidente de lejos «porque no nos bajamos del autobús».
Ángel Vázquez, uno de los directivos del Zalaeta, también viajaba en el autobús: «Al verlo de lejos pensamos que no sería tan grave, pero cuando nos acercamos ya vimos todo aquello y era terrible»; reconocía asimismo que ante la falta de conocimientos sobre primeros auxilios «no me atrevía a mover a nadie y lo único que podía hacer era ir recogiendo a las que estaban bien y dándoles ánimo».
El que sí colaboró activamente hasta que llegaron los servicios de urgencia fue David Hermida, «es bombero, sabe lo que hay que hacer en estos casos y ayudó muchísimo», explicaban.
Poco a poco alrededor del autobús de Cancela se fue congregando un buen número de personas, «supongo que algunas chicas las recogeremos por el camino», indicaba José Toba presidente del club «por ser el director del instituto Ramón Menéndez Pidal». Y es que el Club Voleibol Zalaeta es una asociación deportiva sin ánimo de lucro, vinculada a dicho centro escolar, y «que tiene como objetivo prioritario el desarrollo del deporte en la juventud, más concretamente en este caso del voleibol», afirma la entidad en su página web, que ayer lucía un lazo negro y desde la que expresaban «nuestras más sinceras condolencias para las familias de las jugadoras juveniles del CV Emeve de Lugo». El Zalaeta tiene actualmente equipos en las categorías de primera división, juveniles, cadetes e infantiles, en todas ellas tanto en el apartado masculino como en el femenino.
Toba destacaba que desde la empresa de autobuses Cancela «que es uno de nuestros patrocinadores, se ofrecieron desde el primer momento para llevarnos a Lugo al funeral».