Jessica Golpe siente miedo tras el mostrador desde el atraco que sufrió el pasado domingo en la panadería en la que trabaja
18 mar 2009 . Actualizado a las 15:07 h.Jessica Golpe tiene 25 años. De ellos lleva trabajando de cara al público nueve. Y nunca había sufrido ningún atraco, ni en su puesto de trabajo, ni por la calle. Nunca hasta el domingo. Ese día, a las 14.40, minutos antes de que cerrase La Panadería -el establecimiento ubicado en la ronda de Outeiro en el que trabaja desde hace apenas dos semanas-, un hombre con el rostro parcialmente tapado pasó la puerta y le exhibió, amenazante, un cuchillo.
«Me lo puso en el cuello y yo me eché atrás atemorizada», recuerda la dependienta. «Entonces, levantó la caja con los brazos, empezó a agitarla con mucha fuerza y la logró abrir. Se llevó todo el dinero que había dentro y, en cuanto lo tuvo, se echó a correr por la calle. Cuando salí tras él para ver por dónde se iba ya le perdí la pista completamente. Solo sé que era un hombre muy corpulento, fuerte y alto, y que llevaba una visera y los cuellos subidos de un modo que tan solo le veían los ojos».
El caco se hizo con 400 euros, pero además de la pérdida económica, dejó una segunda huella: el miedo. Jessica lo admite: «Desde el día del atraco la verdad es que tengo miedo y siempre ando muy pendiente de todo. Antes estaba relajada, ni me planteaba que me pudiera pasar algo así a mí, pero ahora en cuando veo a alguien con mala pinta ya estoy en alerta».
Un susto tremendo
La tarde del día en el que ocurrieron los hechos, Jessica no dejó de pensar en ello. «Me pasé las horas dándole vueltas sin parar a lo que había pasado -rememora-. Además, como tuve que ir a la policía, pues no me lo pude quitar de la cabeza». Pese a todo, ese constante girar en círculos sobre el momento no le ha dejado extraer más que lo ya contado: «Fue todo muy rápido. Yo estaba en el mostrador y, cuando miré, ya me lo encontré ahí con un cuchillo a la altura de mis ojos. Fue un susto tremendo».
Debido a ello, los dueños del negocio van a instalar cámaras de seguridad dentro del mismo. Pero estas medidas no son suficientes mientras la sensación de impotencia aún está fresca y Jessica usa sus propias medidas preventivas. «Yo, a partir de las dos y media, trabajo con la llave puesta. Y abro a la gente según van llegando». ¿Y cómo se lo toma la gente? «Bien. Aquí todos son clientes de todos los días y lo ven perfecto. La mayoría me dicen que ellos también lo harían si les pasase».
Debido a ello, las conversaciones en el despacho de pan tienen la inseguridad y la crisis como tema principal. Además de en la panadería, en la zona del Agra han tenido lugar varios sucesos delictivos desde el mes de febrero con un perfil similar: una mujer sola en su comercio asaltada por un hombre armado. «La gente habla de que todo está muy mal. Lo peor es que todos recalcan que la situación irá a peor», comenta Jessica.
Hoy volverá al trabajo con la misma sensación de alerta. Es de esperar que, con el paso de los días, la preocupación se diluya. De cualquier modo, ahora Jessica cuenta con un aliado: «Tengo en el mostrador un buen palo grande de madera, por lo que pueda pasar», asegura.