El botellón es una amenaza real para parte del patrimonio histórico, arquitectónico y cultural de la ciudad. La alerta no es gratuita. Las concentraciones donde se mezclan jóvenes y alcohol los fines de semana suelen acabar en actos vandálicos. En la memoria está, por ejemplo, el brazo roto de la estatua de Emilia Pardo Bazán, que tuvo que pasar por los talleres municipales para su restauración durante casi dos años. Tampoco sirve de nada el proceso para declarar los jardines como un Bien de Interés Cultural, que se inició en el año 2005, cuando era concejala de Parques y Jardines María José Cebreiro y de Urbanismo Mar Barcón.
Esta vez, con el incremento del número de botelloneros, los problemas se suceden cada fin de semana. En riesgo quedan los elementos protegidos en el corazón del gran pulmón verde del centro de la ciudad, como son algunas de sus 18 estatuas, los dos estanques principales, los jardines de la zona de la Rosaleda e incluso alguno de los árboles más antiguos del parque coruñés repartidos a lo largo de sus más de catorce mil metros cuadrados de superficie.
La principal construcción amenazada es el histórico edificio de La Terraza, que actualmente sirve como sede a RTVE. El edificio, que fue construido en el Relleno de A Coruña en el año 1921 fue diseñado por Antonio López Hernández, firmante del proyecto datado el 1 de octubre de 1912, aunque sufrió sucesivos cambios antes de su inauguración, en 1921, tras pasar por las manos de Antonio de Mesa y Álvarez y, finalmente, por las de Pedro Mariño, que fue el ejecutor del proyecto definitivo. Esa pequeña joya arquitectónica, pese a las medidas de vigilancia del propio complejo, ya se han producido pintadas y algún otro problema de higiene.
Lo mismo se podría decir del Kiosco Alfonso, otro ejemplo de la arquitectura de comienzos del siglo XX, cuya definitiva estructura cobró forma en 1931 de la mano de Rafael González Villar. Su estanque fue utilizado como vertedero de los restos de una exposición fotográfica hace escasos meses y las pintadas salpican su blanca fachada, pintada por última vez con motivo de la visita de los Príncipes de Asturias el pasado verano para tomar parte en los actos conmemorativos del octavo centenario de la concesión de la carta puebla a la ciudad por parte del rey Alfonso IX.
Monumentos
También tienen un alto valor artístico, ya reconocido por las autoridades competentes, las estatuas que recuerdan las figuras de Curros Enríquez, Daniel Carballo y Concepción Arenal, con su gran estanque incorporado.
Y el catálogo municipal facilitado por el Ayuntamiento para la documentación del Plan Especial de Protección y Reforma Interior (Pepri) de la Ciudad Vieja y Pescadería, incorpora también el arbolado, los monumentos y el mobiliario de la zona de la Rosaleda, situada en la zona más próxima a la Delegación del Gobierno y que forma parte de una de las estampas más fotografiadas de la ciudad.
A todo ello hay que sumar otros elementos que, a pesar de no encontrar el amparo de las autoridades con el manto de algún tipo de declaración sobre su importancia, forman parte de la memoria colectiva de los ciudadanos. Es el caso del reloj floral, otro de los hitos ornamentales de los jardines de Méndez Núñez, a la altura del Cantón Pequeño, o el edificio de La Atalaya, reconvertido en cafetería tras ser un icono arquitectónico del racionalismo.