El último vecino de uno de los ranchitos se queja de la presión inmobiliaria, un okupa entró en una casita y el inquilino de una tercera solo va a dormir
20 feb 2009 . Actualizado a las 11:56 h.Probablemente la mejor cerveza del mundo, decía el anuncio. Pues probablemente el corralón de la Falperra sea el último de la ciudad aunque, del barrio lo es, sin duda; y es que, como decía ayer un arquitecto, «es difícil de saberlo, salvo que estés muy metido en el asunto, porque son construcciones que están un tanto escondidas». Lo cierto es que este corralón está en ruinas, apunto de desaparecer como debió extinguirse en su día un manantial de agua de la zona que dio origen al sonoro nombre de la calle: Fuente Seca del Monte. «En las cartas tenemos que poner corralón porque el número 5 de la calle está repetido dentro y eso confundía a los carteros», explica José Ramón Ferreiro Valeiras, que lleva más de 40 años viviendo en este lugar.
Este es casi el último residente del corralón, ocupando el ranchito número 5, mientras en el 3, según indica, «hay un okupa» y en el número 1 reside un hombre «que es inquilino y me parece que solo viene a dormir; mira, el otro día le robaron la reja de la ventana que era de aluminio; seguro que era para la pitada, pero es una tontería porque bajó mucho y por eso no les dan más de 50 céntimos», sigue explicando Ferreiro.
Tanto los otros ranchitos de enfrente como un par de casas de la calle tienen las puertas y ventanas tapiadas con el fin de que no entren en las mismas los okupas, «porque todo esto lo compró una empresa para tirarlo todo, pero con esto de la crisis paró todo un poco», sigue diciendo. También se queja de que las obras de retirada de las techumbres de dos casas que dan a la calle Falperra, los números 18 y 20, le han causado diversos daños en su ranchito; de hecho, en la zona de la cocina la techumbre prácticamente no existe «y tengo que poner aquí este poste metálico para que no se caiga todo; ahí ya no puedo ni estar», argumenta mostrando la destartalada cocina.
Este hombre explica que hasta hace poco tiempo su madre vivía con él, «pero ya se vio que aquí no podía seguir y mis hermanos se la llevaron a una residencia». Tras reconocer que no mantiene buenas relaciones con sus familias, asegura que el constructor «engañó a mi madre porque me parece que le dio mil euros una vez que se vieron en un bar con otra gente, y le dijo que ya le daría el resto, pero no se lo dio».
También muestra un informe del servicio de ruinas del Ayuntamiento incoando expediente sobre «deficiencias respecto del inmueble sito en el número 5 del callejón Fuente Seca del Monte». Este informe pide a los responsables de las demoliciones de los solares 18 y 20 de la calle Falperra la «eliminación controlada de los falsos techos afectados por entrada de agua y agrietados o abombados en dependencia dedicada a la cocina, en el plazo de 48 horas».
El escrito fue cursado el día 2 de enero del año pasado y en el mismo se advertía a los responsables de la demolición que debían hacer dichas mejoras «en los plazos que se señalan, sin que proceda audiencia previa, dada la urgencia del caso». En el mes de marzo del año pasado, técnicos de Urbanismo también revisaron este ranchito, ahora totalmente rodeado por las ruinas.