«Non podo tocar o teito porque cae»

M.?C.

A CORUÑA

Vecinos del Agra de los Mallos viven en inmuebles que carecen de alcantarillado. El Ayuntamiento les ofrece optar a un piso municipal en alquiler en Eirís

20 nov 2008 . Actualizado a las 11:47 h.

Bamboleo, bambolea...». La voz de Julio Iglesias rebota, como el eco, en la calle sin asfaltar que conduce a las casas del Agra de los Mallos que todavía quedan en pie. El tema ameniza el baile que hay en el centro cívico, ubicado a unos diez metros de la primera vivienda. El número 1 lo tiraron hace poco. Aún hay restos. Suspendida en el vacío queda una pequeña parte de la fachada que la unía al número 2, todavía en pie. Cuenta una vecina, Mari, la del número 4, bajo derecha, que la familia que vivía allí está ahora en Los Rosales.

Tampoco le importaría a Carmen, la del número 3, que le dieran un lugar «decente» al que trasladarse o que le arreglaran la casa en la que lleva viviendo, tal y como explica, durante los últimos cincuenta años. Hace ya años que hablaban de tirar los inmuebles para construir un polígono de viviendas, tal y como recoge el Plan General del 98. Pero un error en la determinación de los dueños de los terrenos impide la ejecución de la iniciativa. Habría que aguardar a la reforma del Plan General para llevarla a cabo, explican fuentes municipales. Al derribar las viviendas, los inquilinos tendrían derecho a una indemnización equivalente a la diferencia entre el alquiler que pagan ahora y el que abonarían en su nuevo inmueble multiplicado por diez años. Al haberse congelado esa vía, el Ayuntamiento les ha abierto la opción de optar a alguna de las viviendas municipales en alquiler que tiene en la zona de Eirís.

Pero mientras, continúan aguardando ahí. «Non podo nin tocarlle ao teito porque cae», explica la del número 3. Hoy (viernes por la tarde) no tiene mucho tiempo a hablar. Carmen ha de acicalarse para ir «ao cívico», pero antes de acudir a su cita con Julio, Iglesias claro, abre las puertas de su pequeña casa «para que vexades que eu non minto», sentencia. No se queja por vicio.

El agua corriente es, en su hogar, privilegio de un único grifo. No se le pasa por la cabeza colocar en su cisterna uno de esos modernos aparatos para ahorrar agua cada vez que se tira de la cadena. Sencillamente porque no tiene cisterna. «Teño que tirar a auga cun caldeiro», cuenta. Efectivamente, junto al retrete, ubicado en una minúscula estancia en la que no cabe nada más, está el cubo en el que la mujer tiene que transportar el agua desde el grifo hasta la estancia.

También hay cubo en el dormitorio. Está junto a la cabecera de la cama. «Cando chove entra a auga. Por eso está ahí», explica la inquilina del inmueble. También tiene una bolsa del supermercado sobre una colcha. Es el método que utiliza para frenar la lluvia que se cuela en el cuarto por otra de las goteras que tiene el inmueble. «O teito non se pode arranxar porque é tocarlle e marcha todo», comenta. Luego están las humedades.

La casa está muy limpia y ordenada. Pero no hay espacio. Fuera, en el patio que hay frente a la puerta de entrada cerrada con un candado, «porque a pechadura non pecha ben», tuvo que improvisar un pequeño cuartucho en el que instalar la ducha.

Las alcantarillas tampoco existen en esta parte del Agra de los Mallos, un barrio en el que quedan ocho vecinos alquilados en pequeñas casas con huerto. Han quedado aislados de un servicio que hay tanto en el complejo deportivo de A Sardiñeira, ubicado a escasos metros de sus casas, como en el centro cívico o en los nuevos bloques de edificios del parque Urbis que hay justo al otro lado de la calle.

Pero Carmen por ahora no se va porque no podría abonar un alquiler normal. Ahora 900 pesetas es poco dinero, «pero antes eran moito», explica.