De House a CSI en el Materno

A CORUÑA

Alumnos del Eusebio da Guarda hicieron la primera visita guiada al hospital

12 mar 2008 . Actualizado a las 13:02 h.

Tres mareos, por culpa del calor y de la imagen de una rótula con un cráter , muchas preguntas y tantas dudas resueltas cerraron ayer la primera jornada de puertas abiertas del hospital, organizada por el Juan Canalejo en colaboración con Pfizer. Veinticuatro alumnos de sexto de primaria del Eusebio da Guarda fueron los encargados de inaugurar las visitas guiadas al complejo y lo hicieron entrando en los escenarios más televisivos del materno Teresa Herrera y del Sanatorio de Oza.

Carla, con su muleta a cuestas, traía la vocación puesta de casa: «Voy a ser cirujana», decía, de modo que calzarse la bata verde, el gorro y la mascarilla, fue una fiesta: «Soy como House». Eso fue después de que Tina Fernández les explicase que hasta la bella durmiente podría ser donante, puesto que no es imprescindible morir para ceder un riñón o parte del hígado para que se pueda realizar un trasplante.

La entrada en el quirófano de verdad, en este caso en el de Cirugía Experimental, sirvió para descubrir, por ejemplo, que Laura estaba nerviosa (el pulsioxímetro lo cantaba) y que un cirujano y la enfermería de quirófano necesitan un banco de herramientas «como los carpinteros», les dijo Olvido. Pronto Carmen preguntó si «ahora vamos a ver una rata», y Manuel se inclinó por pedir «algo vivo». No hubo animales de laboratorio, pero, a cambio, tuvieron la oportunidad de ver y probar algo mejor: «Esto es como una Play Station, pero de 240.000 euros», les resumió Alberto Centeno sobre los simuladores de última generación con los que los médicos se entrenan para operar por vía laparoscópica, es decir, a través de unos pequeños orificios por los que se introduce una cámara. «Es como el Trauma Center de la Wii», se escuchó al unísono. Las nuevas generaciones, lo dijo Centeno, lo tendrán mucho más fácil para operar mirando a un televisor. «Tienen destreza porque están muy acostumbrados a jugar con las consolas», explicó,

Andrés, el rey de la Play de 6º A, se atrevió a intentarlo para comprobar que, aún a pesar del título, es difícil extirpar una vesícula sin que el paciente, incluso cuando es virtual, se desangre.

No menos entusiasmo entre los chavales provocó el laboratorio de investigación. «Esto es como CSI, aquí hacéis lo del ADN, ¿no?», preguntó uno de los estudiantes. Y sí, pudieron ver que el ADN tiene la forma de una nubecilla de hilos en un diminuto tubo de ensayo.

Vieron también las células madre al microscopio, salieron convencidos de que el alzhéimer se curará y, desde el futuro, viajaron al pasado: la visita escolar terminó en el Sanatorio de Oza, en el museo quirúrgico más antiguo de España, que se conserva en el pabellón Fernández Latorre.

El aparataje de 1912 también les entusiasmó e incluso ayudó a despejar, a favor o en contra, salidas laborales. Unos, como Carla, se reafirmaron en su temprana vocación médica. Otros, como Alejandra, también, pero en otro sentido: «Yo, de mayor, egiptóloga», contestó resuelta.