La quinta jornada de huelga de médicos deja los centros de salud a medio gas, con contadas protestas pese a las esperas
08 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El centro de salud del Ventorrillo ayer no parecía el de siempre. Quinta jornada de huelga de los médicos de cabecera y quinto y mitad de movimiento habitual. «¿Qué pasa aquí?», preguntaba un joven ajeno al paro facultativo y sorprendido por no tener que pelearse por un asiento en la consulta. Claro que ni siquiera lo necesitó: «¿Cómo? ¿Solo se atienden urgencias? Pues vengo el lunes», zanjó resolutivo.
En un día normal, para cualquiera ajeno a la ciudad llegado a primera hora de la mañana el edificio bien podría ser el hipermercado de moda el primer día de rebajas. Generalmente, y antes de la hora de abrir, a sus puertas esperan ya decenas de personas pendientes de las primeras luces para la liturgia que los profesionales ya casi podrían hacer a ciegas: las extracciones de sangre para análisis.
Junto a esa procesión de personas dispuestas a empezar el día con un pinchazo, el centro recibe a los primeros pacientes citados (generalmente los más madrugadores para recetas) y comienza el vaivén de entradas y salidas, cruces en las puertas, colas ante los mostradores, esperas en las salas de desespera, urgencias, protestas por la tardanza entre los enfermos, cansancio entre los médicos por la presión... y se da el pistoletazo de salida a los teléfonos, que ya no dejan de sonar para pedir más y más citas.
Ayer, no fue así. Hasta los teléfonos parecían algo más calmados y a media mañana no había apenas barullo en las salas de espera, mucho menos pobladas que de normal. Algo más de agitación se sufría en la recepción, donde el personal administrativo hizo de parachoques durante la semana de huelga. «Ha habido algunas pirulas -explicó Chus Fernández- pero no más que las que hay en días normales, la gente ha respondido bastante mejor de lo que esperábamos».
«El paciente nos entiende, porque sabe cómo trabajamos normalmente, cómo está la consulta todos los días», explicaba Luis López, uno de los médicos en servicios mínimos en un centro con casi 40.000 usuarios asignados para veinte médicos que prometen hacer fiesta el día que efectivamente sean veinte (siempre hay alguna ausencia sin sustituir).
«Es que no van a trabajar treinta horas», valoraba Dolores Souto por el paro mientras reposaba una pierna extendida sobre el banco a la espera de ser vista por uno de los profesionales. «Eu tamén lles dou a razón aos médicos -terciaba José Regueira-; non estou de acordo que unha persoa teña que estar tres horas aquí para que o vexan porque non dan feito, iso é que falta persoal». «Que contraten máis médicos, que os cartos están mellor gastados nesto que noutra cousa», continuaba su señora.
No tan de acuerdo se mostraban los más contrariados por las demoras acumuladas. «A mí no me la cuelan ya más -decía Avelino, 70 años y visiblemente disgustado porque ayer (día 7) no consiguió cita para el médico de cabecera hasta el día 17-; No digo que un 10% de los que hacen huelga quieran realmente más personal, pero a otros si les suben el sueldo ya no protestarían», opinó.