En el verano de 1946 apareció en La Voz una extensa entrevista de su joven redactor Antonio Muíño Loureda con el farero de la torre de Hércules. Se llamaba este Jacinto Utrilla Crosa, tenía 58 años y era de ascendencia italiana por parte de madre. A lo largo de la entrevista contó diversas anécdotas sobre visitantes del faro, a cuyo servicio estaba desde hacía veinte años.
Don Jacinto era hijo de un oficial de la Armada y cuando era joven estuvo preparándose en Ferrol para el ingreso en la Academia Militar, coincidiendo con Franco, pero la muerte temprana de su padre le llevó a tener que ganarse la vida con un oficio más modesto.
A la pregunta de quién construyó la Torre, recuerda los versos del poeta Añón: «Esta torre fai mil anos/ que a fixeron os fenicios./ Tamén hai algúns indicios/ de que é obra de romanos./ Sodes na historia profanos/ e en sentenciar moi lixeiros;/ pos nin foron os primeiros/ nin os segundos ¡aposto!/ Tiranos da duda ¡agosto!/ Dí: ¿quénes foron? Os canteiros».
Montevideo
Entre las anécdotas que relata destaca la de las gentes que venían a despedir a sus familiares cuando se iban en barco para América. Recuerda a una mujer, que pidió permiso para subir a lo alto del faro y allí estuvo llorando largo tiempo. Cuando el farero fue a buscarla, le preguntó si, cuando el tiempo está claro, se veía Buenos Aires. Aquél le dijo: «Buenos Aires no se ve, porque está muy metido en el río de la Plata, pero de vez en cuando se ve Montevideo».
En otra ocasión, una señora extranjera le pidió que le enseñase la lápida de Cayo Sevio Lupo. Tras verla, le preguntó: «¿Podría decirme dónde está enterrado el señor Hércules?». El farero le dijo que lo ignoraba, preguntándole a continuación: «¿Y sabe dónde está el señor Gerión?».
Golpes
Otro día, el farero oyó que estaban dando golpes en la puerta principal de la Torre. Eran los náufragos de un pesquero que se había hundido cerca del faro y querían hablar por teléfono para que se rescatase a varios compañeros que quedaban en el agua luchando con las olas. Pero cuando fueron a hablar por teléfono vieron que no funcionaba porque unos ladrones habían robado más de 200 metros del hilo telefónico, muriendo finalmente dos de los tripulantes, lanzados por las olas contra las rocas.
Otra vez vio como se moría un joven que, con otro, intentó, con mal tiempo, ir en piragua desde el castillo de San Antón al Orzán. Se llamó a la lancha de la Comandancia de Marina, pero esta tenía poca marcha y no se pudo hacer nada.
Entre los personajes famosos que visitaron el faro, recuerda al general Franco, cuando, en 1932 estuvo de jefe de la Brigada de Infantería, de guarnición en A Coruña. Venía varias tardes solo, dando un paseo y habló mucho con don Jacinto, de cuando ambos estaban preparándose en Ferrol para el ingreso en la Academia.
Entre los visitantes que no pudieron subir al faro por cuestiones físicas, destaca la infanta Isabel de Borbón, más conocida como La Chata, y que tenía miedo por si sufría en el ascenso un ataque al corazón.
Libro de firmas
El redactor de La Voz le preguntó si había un libro de firmas que registrase a todos los visitantes ilustres. Le dijo que estaba guardado en la Jefatura de Faros, debido al mal uso que algunos visitantes maleducados hacían de él, dibujando muñecos indecentes y poniendo frases de mal gusto.
También confesó al periodista que había otros visitantes que, al subir a lo alto del faro, rayaban el cristal, para estampar en él sus firmas y fechas.
El farero recuerda que asistían al faro, aparte de él, un subalterno y el conserje. En cuanto a los proyectos de mejora del legendario monumento, apuntó que la superioridad había aprobado la conversión en aerofaro y el establecimiento de un radiofaro y de una sirena eléctrica.