Jacobo Varela y José Manuel Méndez conocen al dedillo cómo funcionan los apuros y cuánto han cambiado las cosas. Para mejor, aseguran los dos, aunque a quien le toca la urgencia para nada se lo parezca. Por la misma razón, a pesar de que el tiempo medio de llegada al punto de destino «desde el momento en que nos avisan a nosotros», puntualizan, no suele superar los diez minutos, «al que nos llama siempre le parece que tardamos demasiado en llegar», dicen.
Son los jefes de equipo de la base terrestre del 061, donde pronto, con las nuevas instalaciones de Gregorio Hernández, los colchones desaparecerán de los despachos, que recuperarán su primitiva función. Con la perspectiva de una década de trabajo, la experiencia les dice que en el entorno coruñés «hay menos emergencias». O, al menos, han disminuido las que requieren el desplazamiento de la uvi móvil. Muchas, desde luego, se resuelven vía telefónica, tecleando el número que da nombre al servicio, o a través de los centros de salud y los puntos de atención continuada. «Hace diez años, con una sola uvi, llegamos a hacer diecisiete servicios en un día; ahora, hacemos catorce emergencias entre las dos ambulancias medicalizadas», cuentan.
Su trabajo tiene que ver con el tiempo y las prisas, pero además de la urgencia propiamente dicha, atienden también los servicios secundarios (traslados de enfermos ya hospitalizados), hacen docencia, dispositivos de riesgo previsible y están presentes en algunos eventos públicos y concentraciones, además de atender, también, las peticiones que se pueden realizar, por ejemplo, desde las playas.
Los dolores torácicos (sospecha de infarto) y las pérdidas de consciencia son los casos más comunes de las emergencias atendidas. A ello se suman otras muchas incidencias, no sólo relacionadas con un deterioro de la salud. Por ejemplo, agresiones, aunque «tampoco suelen ser muy graves», de modo que muchas veces se cubren con una ambulancia asistencial, no una uvi móvil, que es lo más parecido a un box de urgencias del hospital. «Ésta es una ciudad bastante tranquila», dicen. De hecho, ninguno de los dos ha tenido que atender a un herido de bala.
Coinciden también en que «los accidentes de tráfico graves en A Coruña han descendido claramente», lo que atribuyen a un aumento de la conciencia social y al incremento de los controles. Sin embargo, la carretera sigue siendo una llamada de socorro más frecuente de lo deseada. Son muchas las tragedias vistas sobre el asfalto -«me impresionan cuando hay niños», confiesa Jacobo- y muchas, evitables: «Atendimos una vez un choque tremendo -recuerda José Manuel-, iban cinco y murieron todos menos el que llevaba el cinturón».