«Si reprimes el botellón, lo dispersas»

Rubén Ventureira

A CORUÑA

Este experto cree que la solución no pasa por la prohibición, sino por ofrecer un espacio en una zona aislada y multar a los que beban fuera de ella

03 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Participó en el mayor estudio sociológico sobre el botellón realizado en España, el que se desarrolló en Extremadura entre los años 2001 y 2003 bajo la dirección de Artemio Baigorri. Ese informe fue uno de los pasos previos a la aprobación de una ley autonómica que consiguió acabar con las molestias vecinales provocadas por el consumo masivo de alcohol en la calle. José Antonio López Rey residía entonces en Badajoz. Desde hace dos años es profesor en la Facultad de Sociología de la Universidade da Coruña.

-En la plaza Mayor de Cáceres se llegaron a concentrar 4.000 personas. En la plaza de Azcárraga hubo 2.500 el sábado. ¿Cree que el fenómeno aún irá a más en A Coruña?

-Si no se regula pronto, va ir a más. La gente de la Ciudad Vieja está crispada. Es el mismo punto de crispación que se alcanzó en Cáceres o en Madrid, donde se llegaron a organizar brigadas vecinales que se enfrentaron a los chavales. Hubo sitios en los que se hizo botellón bajo la casa del alcalde o en las sedes de los Ayuntamientos. Ahora acaba de empezar el curso, así que el botellón será una constante jueves, viernes y sábados.

-Esperemos que llueva...

-No se puede tolerar lo de la plaza de Azcárraga. Soy crítico con este Ayuntamiento porque los vecinos están lanzando rogativas a la Virgen del Rosario para que llueva y puedan así dormir el sábado. Se acabarán tomando la justicia por su mano.

-¿Cuándo empezó el botellón en la ciudad?

-Me consta que en 1997 la policía disolvió varios veces grupos que se concentraban en el parque de A Maestranza. Eran pocos y se podía hacer así. Si hay 30 personas que pasean al perro en un sitio y no recogen los excrementos, no se les dice nada. Si hay cinco, se les avisa y cumplen. En 1998, el botellón se extendió a la plaza del Humor. No es casualidad que esté junto a una calle, la de la Florida, donde ya antes del botellón se bebía en la calle, fuera de los bares. Si ves que el sitio está abarrotado, que te cobran la copa cara, acabas yendo a un súper a comprar el alcohol. Lo que empezó siendo tomar una copa fuera del bar acabó derivando en botellón.

-¿Es partidario de la prohibición del botellón?

-En Madrid se prohibió, y tampoco se puede comprar alcohol más allá de las diez de la noche. Se recurrió hasta a los antidisturbios. Seis años después, el problema sigue estando latente. Si la policía no está encima, el botellón rebrota. Si reprimes el botellón, sólo lo dispersas, pero no acabas con él.

-¿Cómo se hizo en Extremadura?

-Primero hicimos un gran estudio, miles de entrevistas a jóvenes, padres y educadores. Después, una campaña de sensibilización en colegios. A continuación, se montó un foro. Por último, se creó la ley. Y se aplicó. En Badajoz, donde vivía, había dos zonas. Se les instó a que se marchasen de allí, a que se fuesen junto al río, alejados de las viviendas. Así lo hicieron la mayoría, ya de entrada. Los que insistieron en molestar, fueron sancionados con 300 euros.