El veterano grupo coruñés Tremendos Cien Pavos dio un concierto en el centro penitenciario de Teixeiro
25 sep 2007 . Actualizado a las 11:21 h.Johnny Cash en la prisión de Folson, Rosendo en Carabanchel, Alejandro Sanz en la cárcel de Ciudad de México... El directo en un penitenciario forma ya parte de un histórico subgénero dentro del rock al que se sigue acudiendo. Los últimos han sido los Tremendos Cien Pavos.
Seguramente su actuación del pasado sábado en la cárcel de Teixeiro no goce del lustre mediático de los mentados, pero sí que continúa tirando de ese matrimonio entre barrotes y guitarras eléctricas que se atrevió a cantar Elvis en Jailhouse Rock. «No es la primera vez», comenta el guitarrista Luis Herrero mientras prueban sonido. «Hace trece años -continúa- tocamos en la antigua prisión de A Coruña y tenemos un gran recuerdo».
A las cinco y media se cierra el telón. Llegan los reclusos. En las primeras filas se colocan las mujeres. Luego los hombres. A ellas se les ve mucho más animadas. Ellos permanecen impasibles, salvo excepciones. Una la pone un joven de unos treinta años, metido en materia con gafas de sol: «Son todo un grupazo de rock. Yo ya los conozco de hace años, cuando el cantante era Rubén Touriño. Mira que me papé conciertos de ellos».
Uno de los funcionarios de la prisión hacía las veces de técnico de sonido. Dos reclusos funcionaban como pipas. Éstos eran los encargados de mover el telón para dar por iniciado el concierto a golpes de humo y guitarrazos rocanroleros que remiten directamente a AC/DC.
La reacción es inmediata. Las mujeres de las primeras filas tocan las palmas, taconean, bailan en sus asientos. «¡Tocad rock, rock duro!», exclama una mientras puntea su guitarra imaginaria con los ojos cerrados. Otra bromea: «Tan sólo sois cinco pavos, ¿donde están los otros?».
Un inoportuno acople obliga a parar el concierto por un momento. Al solucionarlo la sala rompe en aplausos. Jano, el cantante, da las gracias. «Gracias a ti por sacarnos del módulo», se oye desde las sillas. El concierto sigue desplegando riffs roqueros durante una hora hasta que llega el momento más esperado. Con una doble batería, tres improvisadas bailarinas y una corista con aires flamencos suena el Agradecido de Rosendo. Oportuno broche para una tarde que quebró la rutina habitual de la cárcel.
Tremendos Cien Pavos son una de las bandas más longevas del rock coruñés. En activo desde 1992 se refundaron el año pasado, tras un parón de cuatro que los tuvo invernando entre el 2002 y el 2006. Con las altas del cantante (Jano) y el guitarrista rítmico (Baino), la formación se completa con tres de los miembros originales: Luis (guitarra solista), Kale Tunstrom (bajo) y Manuel Mariño (batería).