Por desgracia, el preso cubano Francisco Chaviano no ha sido liberado. Simplemente, ha cumplido los 15 años que le impuso un llamémosle tribunal en un llamémosle juicio. Su otra condena (un tumor pulmonar y una obstrucción coronaria) es lo que explica que le dejen salir unos meses antes: temían que muriese en prisión. No se trata, pues, de un signo esperanzador. Si acaso, lo sería la reducción en un 20% del número de dichos presos desde que Raúl tomó las riendas del poder. Pero la reducción no es significativa. Por ahí, todo sigue igual.
También sigue igual Fidel, que mañana cumplirá 81 años. Su estado, como el de Cuba, es estacionario, lo que mantiene al país en un limbo superpuesto a otros limbos: el embargo, la censura y la insularidad. Pero algo empieza a aclararse en la sucesión. Y es que no parece que vaya a darse la simple sustitución de un Castro por otro.
Raúl, que perdió a su mujer hace menos de un año, no quiere el poder. Deprimido y también él demasiado mayor, ya ha dejado claro que «a Fidel lo sustituiría el Partido». Fidel ha puesto a Raúl como sustituto por su fidelidad rayana en la devoción, pero no le dejará como albacea. No es un secreto que no ve a la altura del cargo a este hermano menor al que siempre ha despreciado en privado (una vez el Nobel García Márquez tuvo que mediar para que Fidel le volviese a hablar).
Carrera sucesoria
Lo que se prepara es una transición desde lo que es Cuba ahora mismo (una dictadura) hacia lo que muchos creen erróneamente que ya es (un régimen totalitario). De ahí la referencia al Partido Comunista. Raúl será un presidente de paso mientras se organiza un búnker en el que los mejor situados son el general Colomé, los diplomáticos Ricardo Alarcón y Felipe Pérez Roque y el médico de formación, pero economista de vocación, Carlos Lage.
Alarcón y Pérez Roque supondrían el continuismo, mientras que Colomé representaría un recurso a la desesperada al Ejército, única institución solvente (controla el turismo a través de la agencia Gaviota, por ejemplo). El ascenso del pediatra de origen gallego Lage sería una salida a la pequinesa: apertura económica sin cambio político.
Y luego está lo que haya pensado Washington?