Los vecinos se quejan de la falta de seguridad en las instalaciones El joven que dio la alarma dice que «fue una suerte que no hubiera oxígeno en el lugar del escape»
12 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.La madrugada del pasado domingo los residentes del número 19 del lugar de O Loureiro, en San Pedro de Visma, tuvieron que salir a la calle a toda prisa y con lo puesto. El motivo fue un escape de gas que se produjo justo en la entrada del bloque de viviendas. Dos vecinas comentaban todavía ayer los nervios y el miedo que pasaron cuando, hacia las seis y media, los bomberos desalojaron el edificio: «Fue horrible, un desastre; un poco más y volamos», decía una. Otra daba gracias, porque «hemos tenido mucha suerte. Si no llega a ser por el chico del segundo, que volvía a casa a esa hora... Bendita sea la marcha , que nos salvó». «Sí, pero debería haber más seguridad», replicaba la primera. El joven al que se referían es Paulo Cortés, que compagina las horas de estudio para preparar unas oposiciones de educación física con su empleo de fin de semana en un pub del Orzán. El sábado se dio la casualidad de que volvía de trabajar, a las seis de la mañana, cuando «al llegar al portal, apestaba a gas», asegura. «Fui abriendo las ventanas de las escaleras para ventilar, y, al entrar en casa, ya no olía, pero avisé a mis padres». Paulo bajó con su progenitor al portal siguiendo el rastro del escape, y, en el momento de llegar a la entrada del edificio, ambos oyeron un silbido agudo. Entonces llamaron a la policía nacional, y los agentes se encargaron de dar aviso a los bomberos. «Cuando llegaron, hicieron mediciones. Al principio, dijeron que no había problema, pero cinco o diez minutos después, sobre las seis y media, decidieron desalojar el edificio para mayor seguridad», dice Paulo. Xosé Lois Cortés y su hijo narran cómo localizaron los bomberos la fuga: «Pensaron que era la llave, pero no. La cerraron y seguía saliendo gas, porque el agujero estaba antes», dice el padre. «Comprobaban con un aparato el nivel de gas y echaban agua en la entrada, pero no conseguían nada. A las ocho, vino el técnico del gas y empezaron a picar la acera», recuerda Paulo, que también comenta que, según le explicaron, «un cable eléctrico quemó la protección del conducto del gas y provocó una pequeña grieta en la tubería». Los vecinos estuvieron en la calle hasta cerca de las diez de la mañana. Después se pasaron por allí operarios de Fenosa para arreglar los cables. A las doce, ya estaban tapando el agujero. «Suerte que no hubiera oxígeno en el lugar del escape, porque de lo contrario, el gas podría haber explotado», dice Paulo Cortés, ya recuperado del susto.