La Nochevieja en el tajo

Fernando Molezún A CORUÑA

A CORUÑA

FOTOS: PATRICIA GAGO

No todo el mundo recibe al 2007 bailando en un gran cotillón. Muchos eligen, o no les queda más remedio, sacarse un sueldo en la noche más larga

29 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Nochevieja, la gran fiesta. Un nuevo año comienza y miles de personas engalanadas salen a bailar en la infinidad de cotillones que inundan la ciudad. Pero un nutrido grupo de irreductibles trabajadores resisten en sus puestos de trabajo una dura jornada laboral. Y es que para que la gran mayoría se divierta sin límite, mucha gente tiene que ocuparse de labores indispensables para que todo marche como es debido. Hay sectores que encuentran en Fin de Año una noche más que rentable. Los propios trabajadores sacan habitualmente algo de tajada de la fiesta, aunque para muchos no compensa el esfuerzo. «Se paga como un festivo normal, pero esos 55 euros no compensan el no ver a la familia y tener que tomar las uvas sola», cuenta María Solís Lado, que trabaja en el aparcamiento de Elviña, en la plaza de Luis Seoane. A María no sólo le toca trabajar en Fin de Año, sino que ya se ha tragado la noche del 24 y Navidad: «Somos sólo tres para rotar en los turnos de tarde y noche, así que alguien tiene que fastidiarse entre las 22.30 y las 7.30 horas», cuenta. Asegura que ya se ha comprado una lata de doce uvas que engullirá a las órdenes de la radio que hay en el párking. Con mucha filosofía parece tomarselo Loli Martínez Cruz, enfermera del Materno: «Algo más te pagan, pero no es esa la cuestión. El hospital es un ser vivo y lo primero son los niños. No podemos permitirnos mantener unos servicios mínimos, aquí hay que estar al cien por cien por lo que pueda pasar», explica. En total son cinco enfermeras y tres auxiliares que, dentro de lo posible, intentan celebrar de algún modo el año nuevo: «Nos juntamos al lado de la UVI para tomar las uvas, y vuelta al trabajo. Eso si los ingresos y las urgencias lo permiten, porque en Nochebuena hubo problemas y terminaron cenando a las 4 de la mañana». A pesar de todo, de no poder tomar las uvas con sus hijos y nietos, Loli muestra su mejor sonrisa: «Es cuestión de mentalizarse, llevo ya 30 años aquí y estoy encantada». Entre los sectores que salen económicamente más beneficiados en esta noche está el de la hostelería. No queda un pub o discoteca sin cotillón, y ante la avalancha de clientes, se necesitan refuerzos. María García trabaja habitualmente en el Sport Café, pero Fin de Año es especial: «Compensa trabajar porque te pagan 150 euros por una noche, el triple que cualquier fin de semana». Así que no se lamenta, sobre todo teniendo en cuenta que «luego aún me da tiempo a salir un rato», afirma. Hasta el desayuno Pero no sólo los pubs hacen negocio. En la cafetería Marabú pasan de servir copas a desayunos sin dar un respiro al cuerpo. A pesar de lo larga que es la noche y del protagonismo del alcohol, José Fernández asegura que el ambiente no es en absoluto malo: «No hay follón, lo único alguno que llegadas las 10 de la mañana se te queda medio dormido. Pero no hay quien se marche sin pagar». A José le da tiempo a cenar en casa, pero por los pelos, ya que trabaja de 16 a 22 horas y vuelve a la una de la mañana: «Es lo que hay, es el trabajo y hay que hacerlo», comenta. Otros que hacen negocio esa noche son los taxistas. Bajo la premisa de que juntar alcohol y conducción termina siempre en desastre, el transporte público hace su particular agosto. «Todos queremos trabajar en Fin de Año, se hace buena caja y no es más problemático que cualquier sábado, pero con más gente», comenta José Antonio Pérez, que asegura que algunos compañeros incluso se toman las uvas en la parada para no perder clientes.