Un gran genio del piano

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

Historias de A Coruña | Visitantes ilustres Arthur Rubinstein actuó en ocho ocasiones la ciudad, donde ofreció exitosos recitales entre 1916 y 1973

14 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Uno de los grandes pianistas del siglo XX, cual fue el polaco Arthur Rubinstein, actuó numerosas veces en los teatros coruñeses a lo largo del siglo XX. La primera vez fue en el Teatro Rosalía el 4 de diciembre de 1916. Rubinstein tenía 29 años, pero ya era muy conocido como intérprete de autores románticos, especialmente Chopin. Era, sin embargo, la primera vez que venía a España (actuó con anterioridad en Madrid y Barcelona). El concierto, organizado por la Sociedad Filarmónica, dio comienzo a las ocho de la tarde, con este programa, dividido en tres partes. Primera: Tocata y Fuga en re menor , de Bach-Tansig; Sonata op. 52 (Aurora), de Beethoven. Segunda: Balada en la bemol ; Nocturno; Scherzo en do sostenido menor; Mazurca y Polonesa en la bemol , de Chopin. Tercera: Navarra , de Albéniz; Ondiné , de Ravel; Nocturno para la mano izquierda , de Scriabina, y Rapsodia número 12 , de List. Como era de esperar, el Rosalía estaba a rebosar y aplaudió largamente cada interpretación de Rubinstein, que añadió como obsequio, fuera de programa, un vals de Chopin y Triana , de la suite Iberia , de Albéniz. Crítica En la reseña publicada en la primera página de La Voz, se decía: «Pudo pecar de frío Rubinstein en algún momento de la Sonata de Beethoven, y en la Tocata y Fuga de Bach, con que dio comienzo la audición. En algún momento, decimos, por que ya en el largo de la sonata pudo apreciarse como se identificaban ejecutante y creador dando a la dulcísima página relieve extraordinario. Y en el rondo que tocó enseguida sin dar lugar a que estallase el aplaudo, se reveló de cuerpo entero como un ejecutante prodigioso de un vigor y de una impetuosidad de ejecución pasmosa». Añadió el crítico: «La segunda parte, dedicada a Chopin, fue un encanto. El público oyó absorto la balada en la bemol y siguientes piezas con el coronamiento de la famosa polonesa, que nos hizo experimentar el escalofrío de la emoción más viva. Es inaudito el dominio de Rubinstein sobre el ingrato instrumento, su potencia en los efectos artísticos, su agilidad, su precisión y su mutis. Las ideas melódicas se agrandan llenando los ámbitos y destacando límpidas del ropaje suntuoso del acompañamiento, sin que se desdibuje un efecto ni pierda color un acorde». En la tercera parte se destacaría la Rapsodia de List, a la que se definió como «una bella página que Rubinstein sintió y expresó con no menor brío, justeza y brillantez». Finalizaba señalando el crítico de La Voz: «Hemos salido del teatro contentísimos, con la única pena de no poder oír a este admirable varsoviano tal vez en mucho tiempo». No iba a ser así, pues al año siguiente, el 26 de marzo, el maestro polaco retornaría a la capital coruñesa y así hasta seis veces más, siendo la última el 22 de marzo de 1973. En esta ocasión, el concierto fue en el Teatro Colón, mientras en el resto lo sería en el auditorio del Rosalía de Castro.