Historias de A Coruña | La evolución de los núcleos chabolistas La llegada de las primeras caravanas de vendedores ambulantes de etnia gitana a la ciudad fue recibida con curiosidad, sorpresa e incertidumbre por los coruñeses
16 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Durante las primeras décadas del siglo pasado solían aparecer en las secciones De Sol a Sol y Correo de Galicia de La Voz noticias alarmantes sobre los gitanos. En una de ellas se decía: «Ha causado alarma entre los habitantes de XX el establecimiento en las inmediaciones de la misma de una caravana gitana. Pronto comenzaron a desaparecer objetos y alimentos de las casas y comercios de la población, que se atribuyen a los zíngaros, por lo que se ha dado cuenta de ello a la Guardia Civil para que los vigile y detenga, si procede». Asimismo, en las instrucciones y reglamentos de la Benemérita, los gitanos eran definidos como «elementos sospechosos», «gentes de mal vivir», que deberán ser objeto de «especial vigilancia». En la Guerra Civil del 36, las brigadas represoras del nuevo régimen siguieron la tradición y dieron muerte a bastantes gitanos. Quizás el caso más lamentable fue el ocurrido en Montrove, ayuntamiento de Oleiros. El 1 de octubre de 1936 fueron asesinados, junto a lo que luego sería el colegio Videlba, Antonio Montoya Camacho, de 40 años; su hermano, con el mismo nombre, de 16 años, y Antonio Camacho Montoya, de 45, familiar de los anteriores. Días más tarde fue asesinado el sobrino de los dos primeros, Manuel Jiménez Montoya, un niño de tan sólo 14 años. Estos gitanos vivían en unas tiendas junto a la fábrica del gas (próxima al cuartel de artillería de Zalaeta). Sus muertes se debieron al puro capricho de los represores, que creyeron conveniente eliminarlos, pues «todavía no habían matado a ningún gitano». Bueno será añadir que el nazismo exterminó en sus campos de concentración a cientos de miles de personas de esta etnia, pues los consideraban una raza inferior y maldita, casi a la altura de los judíos. Mediados de siglo Desde mediados del siglo pasado, han sido varios los asentamientos gitanos en A Coruña. De aquella época se recuerda el establecido en el rellenado de San Diego, algunos de cuyos moradores se trasladarían, ya a finales de los 60 al espacio existente a la entrada de la antigua estación de ferrocarril, en cuyos terrenos se instaló, ya en la década de los 80 El Corte Inglés y el centro comercial Cuatro Caminos. Como los gitanos dijeron al Ayuntamiento que de allí no se movían sino se les buscaba otro sitio, fueron trasladados a Penamoa, en donde continúan, a pesar de las protestas de los vecinos de la zona que dicen que aquello es un centro de distribución de drogas, lo cual niega el rey gitano Antonio Jiménez. Dos asentamientos de personas de esta raza en edificios de empresas que no se derruyeron al cesar su actividad, fueron los de la antigua imprenta Roel, cerca del Paseo de los Puentes, y los de la Conservera Celta, al lado del puente de A Pasaxe, en la orilla perteneciente al Ayuntamiento coruñés. Éste último fue también conflictivo, pues algunos de sus moradores se dedicaban al furtivismo marisquero, dejando casi esquilmada la ría de almejas y berberechos, incluso antes de que se abriese la veda. Asentamientos eliminados fueron los de Orillamar, con sus famosos arcones, al lado del cementerio; de Vioño, cerca del polígono de la Grela; de San Roque, y el de Casablanca, próximo a la carretera de las Jubias. Paralelo al de Vioño surgió el mercadillo de objetos varios que se celebraba, y sigue celebrándose, semanalmente.