Reportaje | Padre y poeta hasta el final Un joven de 38 años, casado y con dos hijos, murió fulminado por un infarto el pasado abril. Ahora la editorial salmantina Celya publica sus versos secretos, «A solas con los sueños»
08 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Está es una historia nada común. José C. Silvosa Barreiro (A Coruña, 1968) era un joven coruñés de 38 años, aficionado a leer y escribir. Estudió en los Maristas y en el Femenino, por nocturno. Era un chaval vital, muy inquieto, de los que se sentaban al final del autobús. Trabajaba en Torres y Sáez y echaba una mano donde podía. Le encantaba leer. Se enamoró como un niño y se casó con Rebeca Cuervo. Y empezó a escribir. «Escribía en cualquier sitio: hojas sueltas, agendas, hojas de pedido, servilletas, incluso en algunos libros», cuenta su mujer. Ella guardaba los poemas en una caja para leerlos de vez en cuando. Son poemas de amor, de mucho amor, de todo el amor. Juntos tuvieron dos hijos. Diego, que nació en el 2000, y Hugo, que vio la luz en el 2002. Todo fue muy bien hasta que un día de abril, José C. Silvosa se encontró mal en el trabajo y se marchó a su casa. Pensó que era gripe y se tomó algo para el resfriado. No volvió a abrir los ojos. Lo encontró frío en la cama su hijo mayor cuando volvía del colegio con su madre y su hermano. Fue un infarto fulminante. La autopsia reveló que no se podía haber hecho nada. Un drama para el que sobran todas las palabras menos las de José C. Silvosa en sus versos. En la feria del libro Su mujer Rebeca Cuervo explica que reunió todos sus poemas y buscó editorial para el trabajo de su marido: «Deseo compartir sus poemas con todos los que le querían, le conocían y los que estén interesados en conocer su obra». A una editorial de Salamanca le gustó A solas con los sueños y lo ha publicado en su catálogo de poesía. Ahora un chaval de la zona de la ronda de Outeiro comparte catálogo con los premios León Felipe, por ejemplo. El libro ya está a la venta y se presentará el día 4 de agosto en la feria del libro de A Coruña. José C. Silvosa Barreiro no estará allí para ver cumplido su proyecto. Pero no faltarán sus dos hijos, que son los autores de los dibujos deliciosos que ilustran portada y contraportada. Silvosa era todo sentimiento. A su hijo Diego, el mismo que ahora se pregunta cuándo bajará su padre del cielo, le escribió esta maravilla: «Cuando naciste y la noche caía sobre el mundo, se encendió un pedazo de sol entre mis manos». A su pequeño Hugo le llamaba gigante. Y de su mujer dijo que «tus ganas de vivir contagian, te envidian las flores». «La mano diestra de la guadaña nos separó» es también un verso terrible de Silvosa.