«Cometo ilegalidades, pero justificables»

Fernando Molezún A CORUÑA

A CORUÑA

ALICIA DÍAZ

Entrevista | Santiago Cirugeda Proyectos innovadores a precios económicos. Eso es lo que ofrece este sevillano, que está revolucionando el mundo de la vivienda con sus «recetas»

10 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

En la página web de Santiago Cirugeda, recetasurbanas.net, pueden verse sus propuestas para conseguir una liberalización de la vivienda, una democratización del suelo público. Así, ampliar el salón de una casa añadiéndole un módulo sostenido por un andamio, o plantar unos columpios en una plaza pública utilizando como base un contenedor de escombros, son algunas de las ideas propuestas por el arquitecto sevillano para sacar partido a los espacios comunes aprovechando vacíos legales. Participó en una conferencia organizada por el Colegio de Arquitectos, en la que destacó la importancia de que los ciudadanos tomen parte activa en la construcción de las ciudades. -¿Cuál es el objetivo de sus «recetas urbanas»? -Es un intento de buscar situaciones casi legales para que la gente, sin necesidad de contar con un arquitecto, pueda mejorar su vivienda y su entorno. Cualquier ciudadano puede y debe hacerlo. Por eso, son recetas, como las de cocina que preparas en casa. -Pero, en ocasiones, sus propuestas rozan la ilegalidad. -Cometo ilegalidades, pero siempre justificables. Lo que es ilegal ahora, puede ser legal en un par de años. Es de lo que se trata, de cambiar las cosas. En Francia los chavales le prendieron fuego a los coches para mostrar su disconformidad sobre algo que les afectaba. Pues, la vivienda, nos afecta a todos. Aquí hemos salido a la calle para protestar contra la guerra, y deberíamos salir a hacerlo por la vivienda. La legalidad deberíamos plantearla los técnicos también. -¿Cuál es el mayor problema que tiene la vivienda actualmente? -La falta de compromiso. He demostrado que hay vías posibles de ocupar, de poner columpios en el barrio... Pero, exigen cooperación y trabajo. La juventud está acomodada y muy vinculada a la casa de sus padres. -Es usted un arquitecto atípico, una especie de Robin Hood. -No, porque no robo a los ricos. Pero sí que tengo poco que ver con la mayoría de mis colegas. Mi trabajo me da dinero cuando lo cuento, no cuando lo hago. La gente para la que trabajo tiene pocos recursos, pero vive en sus casas. Me involucro, mientras que los arquitectos de viviendas sociales no conocen a sus clientes. Es absurdo que, cuando entregan uno de estos pisos, suela demolerse la cocina y el propietario la ponga entonces a su gusto. Yo me voy de copas con ellos y me entero hasta de si su hijo falta al colegio.