El hombre reconoció en el juicio que lo que hizo «estuvo mal» y lo achacó a su enfermedad El Ministerio Fiscal pide para el imputado una condena de 13 años de prisión
18 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.José Lage hizo lo que hizo preso de su enfermedad, según reconoció ayer. Vino a decir en el juicio que si no hubiese suspendido la medicación que le frena sus impulsos más bajos, aquella mañana del 4 de abril del año pasado se hubiese quedado en casa, sin hacer daño a nadie, tan tranquilo. Eso es lo que dice él, que no el fiscal, quien lo acusa de violar a punta de navaja a una muchacha de 17 años sabiendo muy bien el daño que estaba haciendo. Que fue mucho, según relató la víctima, que ayer tuvo que armarse de valor para recordar en la sección segunda de la Audiencia Provincial lo que sufrió aquel día muy cerca de su casa, en Vilaboa (Culleredo). El acusado, que está en prisión desde que cometió los hechos, admitió la agresión. No la negó, pero le restó violencia. Si la muchacha aseguró en su día que el acusado le pasó el filo de la navaja por la pierna al tiempo que le preguntaba si estaba dispuesta a ponerle los cuernos a su novio, José lo desmintió. Éste dijo que no uso el arma, que la tiró antes de violarla. Así recordó José Lage lo que ocurrió aquel día, sobre la una de la tarde: «Yo no conocía de nada a la chica, pero algo me empujó hacia ella. La cogí por el brazo y le mostré la navaja, pero cerrada. Como no conocía la zona, me guié por el instinto buscando un lugar apartado. Caminamos veinte minutos, abrazados, hasta encontrar el lugar, junto a un árbol. Le dije que se echara en el suelo, tiré la navaja, le quité la ropa, la toqué por todo el cuerpo, la penetré y no me acuerdo muy bien si eyaculé». Amenazas La versión de la menor apenas coincide. Ella sostiene que se encontró a José en la rúa Concepción Arenal y que le pasó la mano por los hombros al tiempo que le decía: «Tengo un pincho en el bolsillo y como no hagas lo que te mando te mato». Luego tomaron un camino de tierra hasta llegar al monte. Allí soportó cómo el agresor le pasaba la hoja de una navaja por la pierna, al tiempo que le susurraba al oído si estaba dispuesta a ponerle los cuernos a su novio con él. Y la violó.