Además de la vestimenta de las imágenes, en la década de los cincuenta las procesiones religiosas se convertían en un verdadero desfile de uniformes y mantones
12 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.A pesar de que A Coruña no fue nunca una de las ciudades en las que se vive con más fervor la Semana Santa, hubo algunas décadas en las que estas celebraciones conseguían congregar a miles de devotos, que no faltaban a ni un sólo oficio o procesión que se preciara. Además de esta asistencia casi obligada, era primordial acudir a las ceremonias religiosas convenientemente ataviado. No es de extrañar que las mujeres aprovecharan estas fechas para lucir las típicas mantillas españolas -siempre en color negro- y que acompañaban con discretos vestidos del mismo tono. En este atuendo no faltaban los accesorios, aunque estos se limitaban a símbolos religiosos como colgantes con cruces y rosarios, que llevaban en las manos enguantadas junto con el tradicional misal. El pelo recogido -con raya al medio o al lado- era también muy típico de las señoras, algunas de las cuales intentaban darle un toque de color colocando unas flores al lado del mantón de encaje. Si tradicionales eran estos atuendos, más típicas eran las fotografías que se solían sacar en las escalinatas de las iglesias al salir de los oficios religiosos. El templo de Santiago eran donde se oficiaban las principales ceremonias de la Semana Santa, aunque muchas veces era sustituida por la parroquia de San Jorge. El traje de ellos Era precisamente a esta iglesia a la que solían acudir los jefes y oficiales del ejército, así como los miembros de la corporación municipal acompañados de la maceros. Todos lucían sus mejores uniformes, como se puede apreciar en la imagen (que, curiosamente, fue tomada en la parroquia de Santiago), y que está presidida por Rafael Pérez Herrera, capitán general y antiguo gobernador militar de A Coruña. Desgraciadamente, esta tradición de acudir con mantilla y uniforme a los oficios religiosos se ha perdido con el paso de los años, y ahora sólo un reducido número de mujeres lucen mantón en estas celebraciones, al igual que los hombres que acuden con el traje de gala del ejército a las procesiones.