?a sección segunda de la Audiencia Provincial celebró ayer el juicio abierto contra el joven coruñés R.?M.?T., cabo de la Armada, por un supuesto delito de tráfico de drogas cometido en junio del 2002, cuando el militar estaba embarcado en el buque Marqués de la Ensenada . El acusado admitió durante la vista oral que la droga era suya y que la llevaba en el barco para consumo propio, no para traficar con ella. Aseguró también que adquirió el material psicotrópico en Cambre «con el dinero ahorrado en mi cuenta corriente y ganado con mi trabajo». Durante el juicio se reprodujo el interrogatorio al que sus superiores lo sometieron tras hallar en su cabina durante un registro 120 gramos de hachís y 38 de cocaína. El acusado explicaba entonces que no compró la droga para venderla y que se gastó 100.000 de las antiguas pesetas para adquirir el hachís y otras 150.000 para la cocaína. Aseguraba que sólo consumía estas sustancias cuando estaba en puerto y que a bordo del buque sólo tomó «un porro de vez en cuando». Aclaraba que siempre lo hacía solo y en horas francas, a partir de las once de la mañana: «Lo hago solo, no lo comparto con nadie», declaraba en junio de 2002. Consumidor habitual Durante aquel interrogatorio también explicaba que era habitual consumidor de hachís y cocaína desde hacía tres años, «antes de entrar en la Armada». Preguntado sobre si era consciente del peligro de consumir o poseer droga en un país islámico, contestaba: «Sí, conozco el riesgo, pero tomé las medidas necesaria para esconderla y para poder consumirla en los hoteles». Tanto en 2002 en respuesta a las preguntas de sus superiores de la Armada como en el juicio celebrado ayer en A Coruña, R.?M.?T. insistió que llevaba tanta droga para autoconsumo porque «tres meses es un período muy largo. Para ese tiempo no es mucha cantidad, si estuviese en tierra quizás sí». Libertad duradera El cabo de hostelería y alimentación, que se embarcó formando parte de la tripulación del buque con función de apoyo logístico en la operación Libertad duradera durante la guerra de Irak, explicaba que no sabía si había más gente en el barco que consumiera droga y que nunca comentó con nadie que él si lo hacía. Después de escuchar su testimonio, el Ministerio Fiscal mantuvo la acusación contra el joven por un delito de tráfico de drogas. Pidió para él cinco años de prisión y el pago de una multa de 5.545 euros.