HERCULÍNEAS | O |
14 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.EN UNA RECIENTE y curiosa información de días pasados, mi colega (y por supuesto amigo) Rubén Ventureira nos descubría a los coruñeses la existencia de un árbol en la rúa dos Olmos que en un principio se creyó era el único ejemplar que daba sentido a la denominación de la vía: un olmo. Más tarde, consultados los expertos, se aclaró que no era un olmo sino un tilo. Resulta curioso que aparezca en este lugar una planta que tiene propiedades sedantes, muy afín con al viejo dicho de que por allí discurría la senda de los elefantes . Fuera ya bromas diré que ha sido una lástima no encontrar por fin un olmo, árbol que en tiempos antiguos poblaría seguramente la zona y de ahí su nombre. Fui uno de los consultados y dije que el progreso cortó de raíz no sólo estos árboles sino también los de San Andrés y calificaba este hecho como lamentable para añadir que nuestros antecesores (y no nuestros antepasados) eran una especie de arboricidas, esto es, que destruían las arboledas. Mi memoria me lleva a recordar que aún no hace muchos años existía en nuestra ciudad una asociación muy prestigiosa que se llamaba Amigos de los Árboles", a la que pertenecían personalidades como Ángel del Castillo y que presidió hasta su fallecimiento Federico García Expósito, un ángel de bondad que hoy da nombre a una calle coruñesa. Él y muchos coruñeses defendieron el árbol y se cansaron de propagar sus bondades. Lástima que durante un largo periodo no tuvieran seguidores. Hoy parece que el ayuntamiento ha recogido el testigo. En frase lorquiana, ¡ay, Federico García, llama al amor a los árboles!