CRÍTICA MUSICAL | O |
30 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.DE LAS actividades musicales que auspicia la Fundación Barrié, la más trascendente es quizá su Ciclo de Jóvenes Intérpretes, por su proyección social: es imprescindible garantizar espacios a los músicos del relevo para que puedan expresar y desarrollar sus talentos como no pudieron hacerlo, en su día, muchos de sus profesores. El premio a la excelencia, ahora que la valoración del esfuerzo está en franca retirada -las consecuencias serán devastadoras en un futuro no muy lejano-, facilita a los mejor dotados de cada promoción la posibilidad de mostrar sus virtudes en público. La sociedad invierte en la formación de estos músicos, justo es entonces que se les pueda escuchar en condiciones óptimas, como ha sucedido ahora, en un lugar adecuado, con una excelente orquesta y un director competente. Tres de estos nuevos valores promovidos por la Barrié acaban de actuar con la Sinfónica de Galicia, dirigida por Lanfranco Marcelletti. El primero, André Cebrián, interpretó el Concierto para flauta de Nielsen. Estuvo valiente en una obra difícil, que requiere gran concentración y expresividad. Ese mismo aplomo lo demostró la pianista Alicia González en el Concierto de Schumann. Su empeño era el más complicado, por tener que enfrentarse a las innumerables referencias de una de las obras más conocidas de la literatura pianística. Bastó con que tocara todo lo que está escrito, como primer paso. Hubo claridad y rigor; faltó imaginación, vuelo lírico, musicalidad. Llegarán, sin duda, cuando madure como intérprete. La más «artista» de los tres es, sin duda, Ana Moreno, que dio muestras sobradas en su versión del Concierto para violonchelo de Lalo de un temprano y eficaz dominio de la puesta en escena, de poseer tablas. Quizá las cosas no estuviesen tan en su sitio como en las interpretaciones de sus compañeros, pero esa mayor libertad fue la que le dio alas a la suya, una chispa, una personalidad que indican que tiene madera de solista con personalidad, aunque a veces imite a la Duprè. Palacio de la Ópera.