Lo siento, pero no me gusta

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

26 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

SÉ QUE alguno se escandalizará, pero tengo que decirlo. Después de mirarlo desde todos los ángulos, el edificio de Aguas de Barcelona recién inaugurado, no me gusta. Ni un pelo, además. Veo la sucesión de elogios del pepino gigante de claras influencias fálicas plantado en el medio de una vasta superficie de edificios mucho más bajas y no deja de repicar en mi cabeza esa famosa retahíla casi eterna de los arquitectos. Equilibrio. Esa es su palabra mágica, el criterio con el que juzgan los trabajos de los demás. Y esa palabra no se asocia para nada a la torre Agbar, nombre en clave que se ha inventado el barcelonismo militante para ocultar lo que parece un edificio de otro tiempo y otra arquitectura. Viene esto a cuento porque ese diseño es propiedad de Jean Nouvel, el arquitecto de moda en el mundo entero, capaz de firmar lo mismo el proyecto del centro comercial que los pequeños empresarios del área Obelisco proyectaron para la zona de ocio de Palexco, como de plantar ese incomprensible bloque de hormigón con ventanitas en el centro de Barcelona. Claro que, como es arquitecto, parece que queda mal decir que no es vanguardista, innovador, genial y no sé cuántos adjetivos más -todos ellos laudatorios, por supuesto- se pueden añadir. A veces, conviene también pensar en quién va a utilizar ese edificio y evitar que, con el paso de los años, se quede anticuado, desfasado o inutilizado no sólo por el paso del tiempo, sino porque el afán de espectacularidad provoca ciertos disparates luego imposibles de solventar. francisco.espineira@lavoz.es