En plena mañana, uno de los perros de la Unidad Canina de la policía nacional hizo un largo paseo frente las playas coruñesas. ?atrullaba el paseo marítimo ojo avizor y atento a los ruidos extraños. Se detuvo frente a la coraza del Orzán para examinar con diligencia una bolsa cerrada, situada a los pies de un transeúnte. No detectó nada sospechoso y prosiguió la marcha. Poco después, hacia las diez de la mañana, los niños más madrugadores de la playa se aproximaron divertidos a él. Cuando les sintió cerca, el pastor alemán giró la cabeza para mirarles y levantó las orejas. Este gesto rápido paró en seco a los niños. No se asustaron, porque el can no hizo ningún gesto agresivo, pero dejó claro que no era un muñeco de peluche. Lo dice la sabiduría popular: al mejor amigo del hombre no le suelen gustar los niños. A pesar de la entrega del can, sólo se trataba de un paseo rutinario. No ocurría nada especial que requiriese sus habilidades olfativas. Sin embargo, en esta época del año, cuando alrededor del 30% de los agentes «normales» están de vacaciones, y algunos delincuentes se aprovechan de ello, la visión del animal llama la atención a los veraneantes. Le pararon dos ancianos a los que recibió con un gesto amistoso. Sabía que no le harían una travesura, como tirarle de las orejas. A su lado caminaba uno de los hombres de la unidad y una agente en prácticas, ambos orgullosos de su compañero. Pidieron que saliese en la foto con las orejas altas, atento. Querían que saliese «guapo» porque saben del coraje de estos animales: el día 13 del mes pasado murió uno de ellos en Barcelona, ayudaba a desactivar una bomba.