HERCULÍNEAS | O |
05 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.EN MI calle hay un tronado que viste disfraz de Fernando Alonso, o del Dani Pedrosa ese que llora con el Cola Cao, o del gafe de Gibernau, que lleva camino de superar al cenizo de la galaxia (Carlos Sainz). El tipo usa una camisa azul de Fórmula 1 o de motos GP, no sé, yo soy un peatón convicto y confeso. El caso es que el plasta y su camisa azul se pasean a medianoche por las calles alambicadas de Monte Alto a lomos de una minimoto, ese invento que resume veinte o treinta siglos de progreso de la humanidad. De Pitágoras a Einstein las matemáticas y la física han evolucionado para crear este artilugio y que lo cabalgue el colega de la esquina. La minimoto, qué paradoja, no te pone de minimalaleche, qué va, te da un cabreo de mil pares de cilindros, por mentar algo que empiece con ce y que no rime con mejillones, como decía el chiste de Jaimito. El único consuelo es que sospecho que el turras y su minicerebro no son más que una réplica del Miniyo que se inventó el hortera doctor Maligno en las bufonadas peliculeras de Mike Myers. Así que sólo me tengo que sentar a esperar que Austin Powers y la espía que lo achuchó aterricen en Vereda del Polvorín y liquiden a este Miniyo travestido de Fernando Alonso. luis.pousa@lavoz.es