PLAZA PÚBLICA | O |
28 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.AHORA resulta que lo que hace algo más de treinta años se inventó y experimentó aquí en A Coruña -experimento e invento que se acogió con chanzas y descalificaciones-, va a ser una realidad, a cargo de Iberdrola, en el Cantábrico, frente a Santoña (Santander). Me refiero a las centrales eléctricas marinas, ensayadas una y otra vez y un año tras otro en las aguas de Riazor allá por los años setenta del pasado siglo. El precursor fue un coruñés dotado de una gran voluntad de superación, Amador Liñeira, empresario textil que fundó las galerías La Palma, en San Andrés esquina a la Rúa Nueva. Dotado de una inteligencia natural fuera de lo común, Liñeira acudió durante años a las redacciones de los periódicos con su invento bajo el brazo y las fotografías de un bravo Riazor sobre el que flotaban sus boyas. Una y otra vez repetía la operación, pero las olas riazoreñas eran demasiado salvajes. Lo recuerdo sonriente y seguro, celebrando ya el éxito con el reparto de puros a los redactores. Pero no llegó, y finalmente tiró la toalla entristecido y desengañado. Hoy podemos decir, en su honor, que fue el pionero en este sistema de producción de energías por el movimiento de las olas. Otros se llevarán la fama. Que les pregunten a Julio Verne y a Juan de la Cierva.