En dos minutos | José María López de la Osa El experto reivindica el papel de los profesionales frente al «top manta» de las gafas. «Es cuestión de salud», dice.
21 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Primero en la calle Barcelona, ahora en Emilia Pardo Bazán. Son once años los que López de la Osa lleva viendo y mirando ojos. -¿El interés por la visión crece? -Cada vez viene más gente y de todas las edades, aunque los que más acuden son las personas de mediana edad. -¿Después de ir al oculista? -Hay terreno para ópticos y oculistas, aunque a veces coincidan dos profesionales en el mismo campo. Aquí no estamos para ver enfermedades, pero sí para graduar con precisión y detectar. Siempre remitimos al especialista cuando vemos que puede tratarse de algo importante. Creo que las ópticas podemos aliviar las listas de espera dedicándonos a lo nuestro, graduar, y dejando la Seguridad Social para los casos de patología importante. -¿La gente está sensibilizada? -No todo el mundo. A nadie se le ocurre hablar del top manta de las gafas y eso que por comprar un cedé en la calle no perjudicas tu salud, pero a lo mejor por las gafas, sí. Y no sólo se venden en la calle las de sol, sino también graduadas, en gasolineras, perfumerías... No somos conscientes de que comprar unas gafas no es lo mismo que comprar un bolso. -Las tendencias de moda tienen mucho que ver en eso, ¿no? -Evidentemente las gafas se están convirtiendo en un complemento de moda y hay gente que busca buen precio sin darse cuenta de que hay mucho más. Un mal cristal puede dañar el ojo, y en las graduadas ya ni qué decir. La graduación tiene que ir ajustada a cada ojo, y las lentes a las dimensiones particulares de cada rostro. La imagen es muy importante, claro está, y que la montura sea la adecuada para sujetar cada cristal, resulte cómoda y, aún encima, siente bien estéticamente, mejor que mejor. Pero lo esencial es el cristal. Porque lo importante es ver. -La garantía está entonces en acudir a profesionales. -Para todo. Y para esto también. La óptica no es un comercio, es un establecimiento sanitario, donde se revisa, se asesora, se repara y se ofrece una garantía. A nadie se le ocurre ir al dentista porque la segunda muela se la quiten gratis. Con esto sucede lo mismo. Es una cuestión de salud. Las gangas, cada vez más publicitadas, no me dan confianza.