Las relaciones entre Francisco Vázquez y los sucesivos presidentes de Iberia estuvieron siempre marcadas por los avatares de un Alvedro clave para la estrategia de ciudad pergeñada desde María Pita. Pero la fatídica tarde del 11-S supuso un antes y un después en la relación entre ambas instituciones. A partir del atentado de las Torres Gemelas, el aeródromo coruñés perdió su condición de pista con más crecimiento a base de la supresión de vuelos. «La coyuntura internacional», se justificó entonces. Vázquez nunca aceptó esos recortes. Y los micrófonos de Radio Voz fueron testigo de sus quejas. «Esos pollos nos están haciendo la vida imposible», llegó a decir el alcalde de los responsables de Iberia, a los que incluso acusó de «filibusteros» por su comportamiento hacia Alvedro. Sin embargo, la compañía radicada en Madrid siguió con su política discriminatoria. Sólo ante el anuncio de la llegada primero de Futura -luego frustrada- y finalmente de Spanair, decidió apostar por recuperar los enlaces de los que ya se disponía antes del 11-S. El espejismo duró poco. Hace escasas semanas, La Voz anunciaba la supresión durante la campaña de verano de varios vuelos «por necesidades operativas» de la compañía de bandera española. La reclamación de Vázquez a los accionistas gallegos para que tomarán la iniciativa parece estar dando sus primeros frutos con la reunión en Caixa Galicia.