El plan de reforma del teatro supera su fase crítica: la obra estará concluida en octubre Necso ha tenido que reforzar los cimientos del edificio con seis kilómetros de micropilotes
02 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«Hemos superado la fase crítica. Ha sido como quitar el mantel de una mesa sin mover ni un centímetro la cubertería, casi como un truco de magia». Quien habla es Antonio Raya, uno de los cinco arquitectos implicados en el proyecto de rehabilitación del Teatro Colón, que se ha encontrado con una dificultad extrema: los cimientos. «Eran de mantequilla, porque el edificio se construyó durante la posguerra, con pocos medios, y fue necesario cimentar de nuevo. Por eso la obra se ha retrasado tanto. No queríamos que esto en el futuro pudiera ser un Carmel». Para ello, la empresa adjudicataria de los trabajos, Necso, de acuerdo con los arquitectos, decidió reforzar la cimentación entre 12 y 18 metros bajo el suelo, cuando hasta este momento sólo se llegaba a la cota -5,4. «El problema fundamental es que el edificio se construyó sobre un terreno ganado al mar. Además, se produjeron numerosas roturas en la red de alcantarillado, que vertía directamente a los bajos del teatro. A esto hay que sumar que los estudios del subsuelo datan de 1994, y la obra se empezó en el 2003. Hubo que tomar medidas de control radicales y evitar que el edificio se viniera abajo. Y se logró». Un millón de euros más Esta operación retrasó la obra. Tanto, que se ha pasado de un plazo de ejecución de 24 meses a otro de 33, y se ha incrementado el presupuesto en casi un millón de euros. «Hemos enterrado mucho dinero, pero ganando seguridad», apunta Raya. En estos momentos, la obra se centra en el refuerzo de las zonas del teatro, tarea que también está siendo complicada «porque hay fondos que comienzan con ladrillo y luego continúan con hormigón. Era una época en la que las obras se acababan como se podía». Necso ha introducido seis kilómetros de micropilotes (tubos de hormigón con corazón de acero de 114 milímetros) a partir de la cota -6. Esta operación pasará desapercibida para quienes acudan al reestreno de las instalaciones. Los cambios más perceptibles están en el subsuelo. Donde antes había una pequeña sala para la confección de carteles se ha introducido una sala de ensayos y servicios de climatización, electricidad, un centro de transformación y grupos electrógenos. Bajo todos estos servicios, entre la cota -3,5 y -5,5 hay un aljibe de agua para actuar en caso de incendio. Todo el decorado del Teatro Colón ha sido extraído, numerado y almacenado a la espera de su reubicación, aunque sí están modificados sus soportes, pues la madera y todo el ladrillo sobre el que descansaba la decoración «estaban prácticamente podridos».