Crónica | Cabrera Infante visitó A Coruña en 1997 Durante su estancia en la ciudad, el recientemente fallecido premio Cervantes pronunció una conferencia y participó en un Café de Redacción de La Voz
05 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Era el 11 de noviembre de 1997. Guillermo Cabrera Infante (Gibara, 1929-Londres, 2005) desembarcaba en A Coruña, invitado por la Fundación Caixa Galicia para participar en la densa agenda de actos de la semana del Premio de Poesía Esquío. Venía con su último libro, Cine o sardina , bajo el brazo. Minutos antes de hablar en el centro de estudios de Caixa Galicia en la ronda de Nelle, explicaba así el título de su nueva obra: «A los 8 años, mi madre nos ofrecía a mi hermano y a mí la posibilidad de escoger entre el cine y la sardina. Y, por supuesto, siempre elegíamos el cine. Desde entonces odio las sardinas». Venía Cabrera Infante a pronunciar una charla (que al día siguiente repitió en Ferrol) titulada irónicamente Ars poetica . «Digo irónicamente porque no voy a hablar para nada de poesía», confesó antes de presentarse ante el auditorio, con su estilo mordaz y su humor oculto tras los diminutos lentes circulares y la perilla canosa. De hecho, añadía contundente Cabrera Infante, la lírica no estaba entre sus géneros de cabecera: «No entiendo de poesía y no frecuento a los poetas». Unas horas antes, el gran escritor cubano visitó la sede central de La Voz (entonces en la calle Concepción Arenal) para participar en un Café de Redacción a lo largo del cual deambuló por algunas de sus obsesiones favoritas: la literatura, la política (con particular atención al castrismo), la música y, por supuesto, el cine. Siempre el cine, no la sardina, porque el literato se definía como consumidor diario de tres películas. Es decir, por sus venas corría pese a todo más celuloide que papel. Durante su charla con los periodistas de La Voz, el autor de Tres tristes tigres renegó sin titubeos del llamado boom latinoamericano y de algunos de sus profetas. «Yo creo que ha habido un gran error al creer que todos esos libros vienen de un solo país, cuando vienen de diecinueve», zanjó el prosista, que en su día había desatado la polémica al declararse incapaz de leer más de diez páginas de un texto «folclórico» como Cien años de soledad . Su divorcio con el castrista García Márquez no era, por tanto, sólo ideológico. Guiño a Galicia Durante su estancia en A Coruña, el recientemente fallecido premio Cervantes también tuvo unos minutos para hacer un guiño a los autores gallegos Lino Novás y Carlos Montenegro, a quienes definió como «cubanos nacidos en Galicia». De Montenegro recordó que se había hecho «cuentista» mientras cumplía condena en la cárcel por matar a un hombre que lo había intentado violar en los muelles de La Habana. Ya fuera del penal, un día Montenegro sentó a Cabrera Infante frente a su máquina de escribir y le invitó a teclear con sólo dos dedos. «Decía que si escribía con los diez dedos no sería periodista, sino mecanógrafo», rememoraba el autor quien, en efecto, escribió toda su literatura empleando únicamente los dos índices, fiel al consejo del maestro. Con dos dedos tocó las letras que componen su impagable La Habana para un infante difunto .