J.P.L., de 44 años, y J.G.S., de 47, declararon ayer en la sección tercera de la Audiencia acusados de sendos delitos de tráfico de drogas, por los que el fiscal solicitó seis años de pisión para cada uno y multas de 11.000 y 40.000 euros, respectivamente. Además, el primero está acusado de tenencia ilícita de armas, delito por el que se enfrenta a otros tres años de cárcel. J.P.L. fue detenido el 15 de mayo del 2003 en la Marina. La policía nacional intervino sus dos teléfonos móviles y, según el fiscal, comprobó que se dedicaba a la venta de hachís y cocaína. Para ello, aunque tenía su domicilio en Pastoriza (Arteixo), alquilaba un piso en la calle Zalaeta, en A Coruña, donde supuestamente guardaba la droga que luego distribuía por pubs del Orzán. Cuando fue arrestado y en los registros en las dos viviendas, los agentes se incautaron de 41 gramos de cocaína y 420 de resina de cannabis, además de dos pistolas sin licencia, una báscula de precisión, varias joyas y 8.000 euros. Según declaró J.P.L. ayer en el juicio, el dinero procedía de una herencia de su madre. «Lo tenía guardado para la comunión de mi hijo», explicó. «La hizo el 25 de mayo de ese año. Yo ya estaba en prisión y hablé con él por teléfono», añadió. Aunque el certificado del párroco indicaba que la comunión fue un año después, el procesado aseguró que se trataba de un error del cura. Asimismo, explicó que la droga era para su consumo personal, que alquilaba el piso de Zalaeta desde hacía años porque trabajaba de vigilante se seguridad en el Orzán, que nunca había usado las armas y que J.G.S. no era su intermediario. Así, señaló que sólo en una ocasión le encargó hachís, pero como era de mala calidad, lo llamó para decirle que era «unha merda que atufa e non prende ben». Detenido en un peaje Según el fiscal, la policía descubrió que J.G.S. también traficaba a raíz de las escuchas a J.P.L. La Guardia Civil lo detuvo el 10 de junio del 2003 en un peaje de la AP-9, en Abegondo. Llevaba un paquete con 170 gramos de hachís en el asiento del copiloto y dos bolsas con 200 gramos de cocaína en el bolsillo. «Vino un guardia civil y dos más de paisano con bates y me obligaron a bajar del coche», dijo. J.G.S. aseguró que no sabía lo que transportaba y que tenía que entregarlo en el Obelisco, en A Coruña. «Me quedé pasmado, aterrorizado», señaló.