En directo Algunos automovilistas inventan excusas de todo tipo para eludir la prueba de alcoholemia, muchos fingen dolencias y otros huyen de forma temeraria
30 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.De todo, en un control de alcoholemia se oye y se ve de todo. Peticiones dramáticas dignas de un culebrón de sobremesa, agonías de enfermos imaginarios y hasta trifulcas familiares. Un montón de mini capítulos cómicos a los que los agentes asisten impasibles. «Pues hoy es un día tranquilo, a veces te sorprendes de lo que la gente es capaz de hacer», explicaba un policía el pasado sábado a las dos de la mañana en la plaza de Millán Astray, primera parada del convoy de control de alcoholemia de la Policía Local. Esta etapa suele ser la más reposada, en las inmediaciones de la Ciudad Vieja, caen los conductores más maduros. «La verdad es que la mayoría son parejas que regresan de una copiosa cena en la que se han pasado con el vino», explica un responsable del dispositivo ante la mirada de cordero degollado de un cincuentón al que el alcoholímetro le marca 0,40, o lo que es lo mismo, retirada de carné y más de 500 euros de multa. Eso, si no comete ninguna otra infracción y la cosa no termina en los juzgados. Tras la primera ducha fría del control, el sancionado sufre la desesperación de salir de la zona, en la que se congregan muchos mirones. «El coche queda inmovilizado hasta que no venga una persona a hacerse cargo él, que debe acreditar su sobriedad en un nuevo test. A veces pasa que el conductor no es capaz de localizar a nadie y entonces la grúa retira el vehículo», explicaba el sábado uno de los agentes. Mientras, el denunciado de turno no cesaba de marcar números en su móvil, después de que el alcoholímetro descartase a sus tres acompañantes. Maridos que no quieren «Cuando tienen que recurrir a sus parejas y ya están dormidas en sus casas, no les suele sentar nada bien», comenta un policía que ha presenciado muchas disputas. «El verano pasado paramos a una chica en la ronda de Outeiro que dio una tasa altísima. El marido se negó a venir a buscar el coche y terminó acudiendo su suegra», recuerda. Por fin, llega una conductora para un sancionado pero, para desesperación de éste, sin carné. «¡Pero cómo andas así!», exclamó tras insultarla, mientras ella le dedicaba una mirada furibunda. La Policía Local asegura que trayecto desde la primera vez que soplan hasta el furgón policial donde se realiza la prueba definitiva es como un cásting de desesperados. Los conductores lo intentan todo para evitar el segundo positivo: remedios caseros como beber colonia o aceite o incluso tomar pastillas. Lo más recurrido es simular afecciones que impidan volver a soplar. «Cada noche escuchamos al menos un par de veces: 'Yo no puedo soplar más, que soy muy asmático'», relata un agentes mientras pone a punto el alcoholímetro entre prueba y prueba. En la calle, uno de sus compañeros no pierde de vista el horizonte. «Los hay que ven el control y dan marcha atrás en dirección prohibida o abandonan el coche», dice mientras vigila.