Reportaje | Una venta benéfica El sacerdote Manuel Espiña subasta una obra de arte para financiar a Benposta
03 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.En los últimos años del franquismo aterrizó en A Coruña un gobernador civil de los de rompe y rasga. Había sido comandante del Regimiento de la Guardia de Franco en El Pardo y era oriundo de Mallorca. En su apariencia física lo que más destacaba era una extraña calva en su cabeza que, cual si fuese un atolón del Pacífico, estaba rodeada de pelo en un ancho de unos pocos centímetros, muy parecida a la que hoy usa el diputado vasco Anasagasti. Protegido de Arias Navarro, ministro de la Gobernación y posteriormente presidente del Gobierno, llegó con una sola finalidad: el mantenimiento del orden público a toda costa, pues ya se preveía que el final del Caudillo estaba próximo y los «elementos marxistas y disolventes» estaban prestos a entrar en acción. Por si fuera poco, se decía que ETA prestaba colaboración al Exército Guerrilleiro y a otros grupos de extrema izquierda gallega. Dentro de estos «elementos peligrosos» figuraban los llamados «curas rojos», entre los cuales estaba el canónigo de la Colegiata y profesor de la Escuela de EGB Manuel Espiña Gamallo, que se había hecho famoso por sus artículos en La Voz, siempre escritos en gallego, encuadrados en una sección llamada «Outeiro de San Xusto». Manuel Espiña oficiaba, asimismo, una misa en gallego todos los domingos que era algo más que una misa, convirtiéndose en un acto de afirmación galleguista. Espiña había bendecido en 1974 la sede de la Cruz Roja del Mar en el dique de Abrigo, acto presidido por Franco. «Cuando el General se dignó besarme la mano -recuerda hoy el sacerdote- sentí verdadera compasión de él al observar su estado físico. Si fuera un familiar mío -pensé- hubiese hecho lo imposible para conseguir que dimitiera y se retirase». Y fue en septiembre 1975, con motivo de los tristemente famosos fusilamientos de cinco activistas de ETA y Grapo en Madrid y Barcelona, cuando el sacerdote fue multado con 150.000 pesetas por el temible gobernador civil de A Coruña y procesado por el Tribunal de Orden Público. El motivo era una denuncia de dos militares por la homilía que Espiña había pronunciado el domingo anterior y en la que pedía piedad y perdón para los que iban a ser ejecutados. Una denuncia falsa, además, porque ni los denunciantes habían asistido a esa misa, como después se demostró, ni Espiña había hablado en tales términos. El principal de aquellos militares, al preguntarle porque habían ido a por el sacerdote, respondió que era un fomentador del galleguismo y que eso conducía irremediablemente al separatismo y a la desmembración de la Patria y que ya había costado una Guerra Civil, por lo que ellos querían evitar que la historia se repitiera. Espiña no tenía dinero para pagar tan cuantiosa multa y fue entonces cuando surgió el espíritu generoso de Luis Seoane y el artista pintó el cuadro del Cristo obrero crucificado, que pronto se haría famoso, pues al final el caso fue sobreseído y el sacerdote pudo conservarlo hasta hoy, primero en su piso de la Ciudad Vieja y después, en calidad de depósito, en la Fundación que lleva el nombre del gran artista coruñés. Un cuadro en venta El cuadro tiene un metro veinte de alto por 90 centímetros de ancho y se encuentra en perfecto estado. Espiña lo pone en venta para darle el importe a la Fundación Benposta, legalizada por el Ministerio de Cultura, que tanto ha hecho por la liberación de los niños más desvalidos de Europa, América y África, con casi veinte sedes o Ciudades de los Muchachos, desde hace ya casi medio siglo. Las ofertas de compra, hasta el 5 de enero del próximo 2005, las recibe el sacerdote en el teléfono 981-203682. Es un compromiso moral que cree que debe cumplir.