Crónica | Reparto del colectivo Moucho a las puertas de Penamoa Presumen de asociación próxima al consumidor. «Aquí caben todos», dice su responsable. Ayer lo demostraron. Retiraron del poblado 250 jeringas usadas
01 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?arisa Fernández está contenta. Acaba de regresar de una jornada más a las puertas del poblado gitano de Penamoa, en donde, contra viento y marea, se plantan los integrantes del colectivo Moucho cada sábado -y ayer por ser el Día internacional de lucha contra el sida- para intercambiar jeringuillas nuevas por usadas. «Sabemos que es una lucha perdida, que nosotros damos jeringuillas nuevas por usadas y que muchos de los consumidores siguen usando las viejas porque las que les regalamos las venden en el poblado y el negocio continúa», explica Marisa, ex heroinómana que presume de estar «limpia» desde hace cinco años. Pero es que la intención de Moucho no es acabar con la drogadicción. «Nos dirigimos a gente mayorcita, que sabe de sobra lo que hace con su cuerpo y que, sencillamente, no quiere cambiar», matiza Marisa. Y añade que el objetivo, en este caso, es prevenir riesgos, evitar contagios y crear hábitos saludables que eviten, insiste la responsable de este colectivo, «que los consumidores se conviertan en apestados porque nadie quiere convivir con ellos». Los miembros de Moucho, un colectivo que se fundó en 1999 para acoger a usuarios, ex usuarios y técnicos, regresaron ayer a casa con 250 jeringuillas usadas. Repartieron muchas más, las que les pidieron los residentes de Penamoa que plantearon mil y una excusas para llevarse una nueva. Pero a ellos les da igual. No se consideran timados. Al contrario. «Si evitamos un único contagio por imprudencia, vale la pena que te tomen el pelo», insiste Marisa Fernández.